La clase

Ayer, mientras paseaba con mi perra, me encontré con un viejo ,viejo amigo. Si repito el adjetivo, es porque hace muchísimo tiempo que nos conocemos y porque no somos ya tan jóvenes como presumimos. Pero esos coqueteos no vienen , o sí, al caso. Mi amigo me ha dicho que piensa retirarse este año del oficio que ha ocupado casi toda su vida. Es colega de profesión y me ha dicho que se retira entre la satisfacción y la añoranza. Le rogué que no divagara y me dijera lo que en realidad , observaba yo, que ría contarme. Y me contó.

- "Mira, esta mañana, revolviendo entre un montón de fotos antiguas, antiquísimas, de cuando tu y yo rondábamos los 20, 21 años, me vi sentado, entre los que fueron mis primeros alumnos, mi primer año de clase.

- ¿Y lo recuerdas?, pregunté yo.

- Perfectamente, Julio. Los ‘veo’ como si fuera ayer. Es más, te diré que recuerdo sus nombres muchísimo mejor que el de los alumnos que tuve el año pasado. Los ‘veo’ tal como eran, o al menos, como yo los percibía. Aparecen sentado en cuatro filas. Los de la primera fila: Sebastián, Antonio, Víctor, Emilio, Vega, Esteban, Fermín, sentados.

- ¡Caramba! Qué precisión.

- Bueno, es precisión y también cuidado que tuve, años más tarde , de poner su nombre detrás de la foto. Pero te puedo decir que los revivo a todos tal como eran . Por ejemplo Fermín, el que está sentado el último a la derecha. No sé qué habrá sido de él , él tenía 7 años, cuando yo tenía 21. Era el mejor dibujante de comics que haya conocido, era capaz de llenar una hoja con todas las viñetas , con sus personajes y sus comentarios con una habilidad pasmosa. Me hubiera gustado haber conservado alguna de ellas. Lo mismo te podría hablar de Emilio, rubio, siempre con la sonrisa puesta, o el espabilado de Victor, pequeñín, que en la foto aparece con su flequillo negro, su jersey y su pajarita, o de Sebastián, Esteban o Vega de rasgos menos definidos.

- No me irás a hacer las descripción de todos.

- No, aunque me gustaría hacerlo. Pero sí reconstruiré su retrato para mí, pare revivirlos de nuevo, ahora que quizá alguno de ellos ya no esté con nosotros. Me gustaría saber algo que nunca sabré, qué suertes les ha deparado la vida. Como no sabré nunca si ellos guardarán tan viva la imagen que yo guardo de ellos. De la seriedad de Alfonso, la timidez de Gregorio, de Javier o de Anatolio; la inteligencia de Cantalejo o de Alberto; la picardía de Carlos o Feliciano, la peculiaridad de niño superprotegido de José Antonio, o la complejidad de Guaza, la amabilidad de Luis Alfonso...

- Como vi que se entusiasmaba, hablando de gente que para mí eran en absoluto desconocidos , le pregunté si aquella foto le había traído algún recuerdo más en forma de sensación, de emoción especial. Notó quizá que era imposible que yo participara con igual intensidad de aquellos sentimientos y concluyó.

- Pues sí, además de haber vivido con cada uno de ellos el recuerdo que yo guardo, he sentido también con qué ilusión me entregaba a preparar mis clases, revisar con cuidado sus cuadernos, los ‘corros’ que hacíamos para repasar las tablas, los adornos que ponía en las paredes con ciclistas de plástico que representaban a cada uno de ellos y que iban avanzando a través de hilos en una singular carrera. A veces me daban eso que llaman ‘altas horas’ de la noche preparando la tarea del próximo día, sin cansarme.

- Dejé a mi amigo que siguiera saboreando aquellos recuerdos , mientras yo sujetaba a Douce que andaba por allí oliendo mientras nosotros charlábamos y me despedí de mi amigo. Es un auténtico nostálgico

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