¿UTOPÍAS O REALIDADES?
Echando ayer un vistazo a la prensa, el Náufrago se topó con un artículo del polifacético Eduard Punset, tratando de responder a una pregunta de uno de sus lectores: “¿Cuál será la próxima revolución?” Como maestro socrático, el profesor y divulgador científico, empieza haciendo una propuesta: “Cierren los ojos un instante e imaginen la actividad que peor funciona de todas las prestaciones universalizadas: la justicia, la seguridad ciudadana, la enseñanza, la sanidad, el ocio, el transporte o la asistencia social a ancianos y necesitados.”
Quizá podríamos añadir alguna otra ‘prestación’, que el ex político no mienta. Pero vayamos al ajo. Debemos creer que ‘sesudos estudios científicos’, en los que se supone que ha participado o tiene noticia, sentencian que la actividad que peor funciona es la enseñanza. Admitamos la premisa, aunque resulta difícil admitir que algunas de las otras ‘actividades’ citadas y no citadas, estén en mejores condiciones. La prospección asegura que “la próxima revolución más relevante en los próximos 50 años, a nivel mundial, se caracterizará por una reforma radical de la profesión de maestro. Lejos de ser una profesión liviana, la de maestro será una carrera con un contenido más profesional y complejo que cualquier otra.” Amén
“Los esfuerzos venideros en materia educativa apuntarán a reformar los corazones de la infancia y la juventud, olvidados por la obsesión exclusiva en los contenidos académicos,” anuncia. La propuesta parece idílica para la profesión ‘liviana’ que es ahora, en palabras del científico. Y a continuación describe cómo será la tarea docente que el Náufrago, hélas!, no conocerá
Por una parte, “se trata de fomentar la inteligencia social y no sólo la individual, hacer que sirva para concatenar cerebros dispares y distintos, tomando buena nota de sus diferencias étnicas, culturales y sociales”. (Labor factible, se supone, aunque no indique muy bien cómo)
Simultáneamente, añade: “resultará imprescindible que los maestros fomenten el aprendizaje de las emociones positivas y negativas, que son comunes a todos los individuos y previas a los contenidos académicos destilados a la infancia; es decir, aprender a gestionar lo que nos es común a todos. Se trata de enseñar a los jóvenes a gestionar la rabia, la pena, la agresividad, la sorpresa, la felicidad, la envidia, el desprecio, la ansiedad, el asco o la sorpresa.”
O sea que a las funciones que ya tratan de ejercer, de guardería, enseñante, guarda jurado, programador, rellenador de encuestas y programaciones, deberán hacer de psicólogos, y poder ‘gestionar’ las variedades emotivas de grupos heteróclitos. Dicho vulgarmente, de su padre y de su madre o, a veces, de la abuela. El Náufrago no sabe si felicitarse o lamentar no haber vivido un cambio tan idílico.
Su edén, su utopía, se cierra con una pregunta: “¿Cómo ha podido la sociedad, los propios educandos y las instituciones hacer gala de tanta ceguera?”
El Náufrago no es nadie, ni tiene una carrera tan cumplida como la del Ex Ministro, euro parlamentario, economista, profesor, divulgador científico, ni dispone de datos como para refutar esta teoría, prospección o cómo se llame, pero interiormente, tiene severas dudas.
Ver Blog EduardPunset