domingo, febrero 19

Carnavalesco


Cuando alguien se a-Isla cada vez más y se siente cómodo, no es porque se haya vuelto un bicho raro ni mis-ántropo, porque no ‘odia’ al ser humano, según la etimología. Si es capaz de amar a un perro, sentir la atención de la más mínima sonrisa, saber entender, aceptar, agradecer lo que le dice alguien que razona y le explica lo que dice, aunque no piense igual, pero lo siente justo, quiere decir que entiende y aprecia  a los que son ellos mismos. Al 'isleño'  no le  gustan tampoco los ‘aduladores’ baratos, porque no aprecia las falsedades o las mentiras. Si es así, puede parecer extraño que huya cada vez más de  grupos, partidos, religiones, asociaciones que se ponen títulos, arrastran multitudes, ordenan, dirigen, protestan y en sus protestas no se acompasa lo que son con lo que predican. Por eso hoy, cuando sonaron las trompetas llamando a rebato recordó a Brassens: la música que marca el paso ‘ne me  regarde pas’. Y no es que se quedara en la cama igual. Hay alguien que sabe muy bien acompañar.

Juntos, el isleño y su becaria prefirieron bajar hasta Cádiz para alegrar la tarde. Afortunadamente hay ‘músicas’ que todavía son capaces de despertar sonrisas y dar gracias al ser humano.





sábado, febrero 18

Una mañana de febrero

PASEO SABATINO
Después de estos días de fríos  y vientos cortantes, ha salido don Sol, se ha despejado el cielo y todos: pequeños, medianos, perros y mayores se han tirado a la calle, a la playa, a los paseos.

'Ladra, ladra que mientras no bajes, yo no me piro'. DOUCE
Primaveral nos ha salido  este sábado de 'carnes tolendas'. Y nosotros que pensábamos que ya  no nos iba abandonar don Invierno nos hemos acercado al mar. Sea como fuere, el Náufrago ha tenido la excelente idea de pasear por playas y jardines. Los más valientes han probado el agua, aunque con ciertas precauciones porque el agua no estaba  para valentías. Hasta yo, perrita de aguas, aunque más de secano he metido mis patas en el agua porque no había olas.

Mientras tanto, como es ya costumbre, él, además del paseo, disparaba a diestro y siniestro a todo aquello que le parecía 'disparable'  y luego me ha mandado a mí que haga la selección. Este Náufrago no se ha dado todavía cuenta que lo mío es olfatear, más que mirar, salvo cuando encuentro algún colega  con el que echar una 'parrafada' olfativa. Sólo un perro negro y grande,  desde su terraza me enseñaba sus dientes  pero yo no lo hice caso. Él estaba demasiado arriba y yo estaba lo suficientemente abajo, a buen resguardo.


Filo/sofando

¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?

¿Pero ésto quiénes son?/ DOUCE
Hablar de Filosofía a estas alturas/ o bajuras’ de la diosa ‘Economía’ puede producir hasta risa.  Ayer, el  Náufrago, que pertenece al mesozoico, leyendo un blog que visita a menudo, se encontró con un texto del filósofo francés Gilles Deleuze del que tan sólo tenía noticias superficiales. En ese introito  se esforzaba por explicar qué es esa ‘idiotez’ de ¿Qué es la Filosofía?, pregunta milenaria, hoy un tanto en desuso. En este mundo de dineros, técnicas, progresos, crisis, bienestar y ‘pensamiento líquido’, la Filosofía, el amor  por el cultivo de las verdades y las dudas, no parece que tenga buena prensa, si es que tiene alguna.

El texto que leyó, le llevó hasta voces similares a la de Deleuze, viejos conocidos que desde distintos ángulos trataron  de acercarse a señora tan desdeñada,  antipática e ‘inútil’ que llaman Filosofía, sobre todo en tiempos económicos y pragmáticos. Las ‘pensaciones’ del tal Deleuze, no ‘Deluxe’ tan ‘in’, traído y tan manido, llevó al Náufrago a otras reflexiones que repasó por si acaso interesaba a su mesozoico pensamiento. Así empezaba la ‘pensación’ que pueden completar si visitan “El espejo de larealidad” u otros sitios:

¿Qué es la Filosofía?
“Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraria a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento bajo todas sus formas.”

Filosofía
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viernes, febrero 17

Salamanca


 SALAMANCA EN EL RECUERDO

Enhebrados al hilo del recuerdo
-paisaje, juventud, edad temprana-
hoy recorre silente mi  memoria
tus calles, tus jardines o tus plazas.

El sueño de DOUCE
Umbrías tardes de las Ursulas,
entre negrillos de orín y siesta,
por donde la sombra espectral
de D. Miguel su angustias devana...

Calle de la Compañía, de fríos
que se estrechan y adelgazan
un revuelo de haldas
se apresuran camino del rosario

Torres de la Clerecía, tridentinas
Torres, solemnes, pontificias-
bajo cuya inmensa mole
mi mundo infantil se desmorona.

Patio de Escuelas Menores
recoleto Fray Luis, filigrana
de reyes y rana.
Modernos cicerones de aceituna
y miseria, lazarillos modernos.

Rúa de mil idas y venidas,
rutina de estudiantes
a la sombra de viejas catedrales:
gallos y torres agujerean
un cielo azul y ocre.


Y la gran Plaza que se abre
como enmarcando al sol...
Al pie, los soportales que cuadriculan
la rutina de mil horas, todas iguales
.
Hoy, silente, recorre mi recuerdo
tus jardines, tus torres o tus calles.
.............................

En las hondas tardes del otoño,
bajo una brisa quieta, veo el alto
soto de tus ocres torres
remansarse en la frescura del río.

Este Tormes que discurre impasible
desde Gredos al umbral de la Historia.
Viejo Tormes que ha visto
estudiantes, dueñas, canónigos,
jornaleros, rufianes, clérigos,
toreros, gañanes, beatas,
obispos, poetas, curas merinos
hacer y deshacer tu historia,
llenar de dogma el mundo,
quemar, canonizar, rezar ,matar,
inquirir, anatematizar, regir,
enseñar, cantar, holgar, reir.

Flor del Zurguen, verraco ilustre,
Lazarillo de ciegos, Roma insigne,
ayuntamiento feliz de doctos y escolares,
cuna de Celestina y Lázaro de Tormes,
cátedra de Fray Luis y de Unamuno,
filigrana en plateresca piedra,
recia compañera de nobles animales

No pasea mi recuerdo por tu historia,
recorre más bien esa otra íntima
y personal peripecia que se esconde
en un pilón de agua al que cayó un día
su testaruda infancia tras un palo.

El peso de tu historia más bien me pesa,
prefiero la tibieza del aire o el color de tu piedra
o el rumor de tus rezos -beaterio imperturbable-.

Así recorre  mi recuerdo
tus jardines,  tus calles o
tus plazas

jueves, febrero 16

La Casa de las Conchas


PATIOS Y CROMATISMOS

Patio de la Casa de las Conchas- Clerecía: DOUCE
Hay un itinerario en las visitas del Náufrago a Salamanca que siempre recorre. Es como si se tratara de un peregrinaje necesario que le concediera no se sabe qué indulgencias. Para él,  pasearse una y otra vez por esos jardines, esas calles, callejuelas, plazas, rúas, corrillos es como si recuperara su infancia y descubriera una nueva antigua Salamanca. Necesita  impregnarse de ese aire, oro de sus fachadas, de la luz de su cielo, de la solemnidad de sus torres, del misterio de sus conventos, de la serenidad de sus patios, del ir y venir de gentes de toda edad, grupos de nacionales y extranjeros. Es como si la ciudad no fuera ‘pertenencia’ de sus habitantes y se tornara ciudad universal. Los lugareños los sienten como si fueran ciudadanos de siempre y nadie los considera forasteros.

El otro día, por la mañana, después de haber cumplido con otros quehaceres, ya con más calma, se dejó llevar por la ciudad. No era él quien se dirigía a los sitios, es como si  las calles, los monumentos le condujeran a ellos. Sin saber por qué se encontró dentro de aquel patio gótico, mudéjar, plateresco. Los peldaños del palacio le subieron al primer piso directamente y allí, mientras entre los capiteles del patio contemplaba las pontificas torres de la barroca Clerecía que le abrumaban solemnemente,  iba viendo los cromatismos de José Ongay que le devolvían al presente.

Casa delas Conchas de la infancia que repasaba concha a concha para tratar de ver en cuál de ellas se encontraban las onzas de oro que la voz paterna le había contado que se hallaban allí escondidas. Ya no ve su fachada como antes, con tanta inocencia, pero sigue siendo su Casa de las Conchas dizque de Santiago.