Sensaciones de última hora

Cuando regresaba de una visita médica rutinaria, oí voces, aplausos , gritos, y ví a niños y niñas, y mamás a la puerta de una academia de idiomas, cerca de casa. Miré y comprendí el motivo. Niños y niñas vestidos con trajes negros, capas, sombreros puntiaguados, caras pintadas , camisetas negras con textos extraños... Halloween!!! ¡Señor, señor!, ¿a qué otro carro hemos de montarnos para olvidarnos de quién somos? ¿Tanto nos han comido el coco?
Y a la hora de cenar, enciendo la tele y me toca un -dicen- guapo mozo, que dice llamarse Julián Contreras vendiendo las intimidades de su madre. No sé lo que realmente cuenta ni cómo lo cuenta el insigne 'escritor' de... 20 años. Tampoco me interesa nada. Ganarse la vida a costa de una madre, por muy Carmina que pueda ser, no deja de ser triste. Pero al fin y al cabo no hace más que poner en práctica lo que ha vivido, cariños y abandonos aparte: 'Vender , vender vidas' Y si no es la propia , mucho más vergonzoso.
No dejan de ser impresiones o marujeos de un viernes-tarde
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