Fabian

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  • - Caramba , Don Otro, ¡qué sorpresa! ¡Cuánto tiempo!
  • - Pues sí, he estado unos días visitando las Españas como se decía antes. Bueno, ahora, en cierto sentido, también podríamos decirlo
  • - Le entiendo. ¿Pero cómo por estos parajes, y a estas horas.?
  • - Pues si le digo la verdad. He venido en busca de un rincón tranquilo, alejado del mundanal ruido, y porque sentía la corazonada de que podría encontrarle.
  • - Ya sabe que frecuento este sitio . Me coge de retirada.
  • - Ya le veo que viene usted con el pelo revuelto y Douce mojada y las patas llenas de barro.
  • - Así es, nos pilla usted con estos pelos a ambos.
  • - ¿Ha sido agradable su estancia en la playa?
  • - Ya sabe que siempre lo es , don OTRO. Y hoy particularmente. Siempre se encuentra uno alguna sorpresa.
  • - ¿Ha habido sorpresas? ¿ Agradables?
  • - En efecto, así ha sido. Y eso que hoy , como hemos venido algo más temprano, por si nos quedábamos más tiempo, he venido pertrechado de tiritas, periódicos, el folleto de instrucciones de la nueva cámara... “por si aca”.
  • - Da la impresión, por lo que cuenta, que tuviera intención de pasar en la playa unos días...
  • - Eso comentaba esta misma mañana con una amiga, con la que coincidía y difería en esto de los ‘por si aca...”, ella es más racional que yo en ésta y muchas otras cosas.
  • - ¿Y cuál ha sido la sorpresa? ¿Qué no ha hecho nada de lo que tenía previsto?
  • - Algo de eso. Ni he leído los periódicos, ni me he aprendido la ‘hoja de ruta’ de mi cámara, ni me he puesto las tiritas como debía. Me sorprendió un joven alto, rubio, larguirucho que lucía una melena en forma de tirabuzones de ésos que los entendidos llaman rastas o cosa así.
  • - Sí, alguna ligera idea tengo a que se refiere, a lo Bob Marley.
  • - Muy enterado le veo don OTRO. Pero a lo que iba, no me sorprendió tanto por sus ‘rastas’, sino por lo enormemente largas que eran. Algunas , sin exagerarle nada, traspasaban la zona llamada vulgarmente culo, para seguir aún más abajo , hasta la mitad de la pierna.
  • - Pues sí que ‘rastaba’ el joven...
  • - Fabián se llamaba, lo supe porque después de verle hacer juegos malabares con unas bolas blancas de plástico que hacía que subieran a lo largo de sus delgados brazos , subieran hasta el cuello y que bajaran por el brazo contrario y otros malabarismos, me acerqué a él y estuvimos charlando un rato.
  • - Siempre tan curioso , don UNO. De un tiempo a esta parte le encuentro particularmente con afán de saber, buscar, interrogar, sorprenderse.
  • - Es usted muy observador y no anda del todo descarriado. Hablando, hablando, mitad en su español de escasos días y mitad en el inglés que yo puedo ser capaz de hilvanar. Supe su nombre , Fabián, que es austríaco, y que tan sólo lleva unos días en España, durmiendo unos días a la luna de Santander y otros , si la cosa se pone fea, en alguna pensión.
  • - Me gusta esta gente que se lanza así , un poco a la aventura , con apenas 4 perras, bueno euros, que es algo más de dinero, pero que da para menos que las antiguas perras.
  • - Pues sí, a la aventura de aprender español viene, pero sin matricularse en ningún curso de ésos , a veces tan pesados, sino sumergiéndose en el idioma como se debe, hablándolo, sintiendo realmente la necesidad de comunicar echando mano de los elementos de que se disponen: inglés, gestos, las expresiones que va aprendiendo. Si mis alumnos sintieran esa misma necesidad del idioma y las ganas de aprenderlo, otro gallo les/nos cantaría. Una sola mañana de Fabian dirigiéndose a la gente, supone un mejor y más eficaz aprendizaje que todo un trimestre de clase de mis alumnos. Bueno, diría más, si pienso en algunos, más que todo un curso.
  • - Es cierto, sin ser experto en idiomas, creo que los españoles en general, quizá porque hasta hace unos pocos años no viajábamos, no sentíamos la ‘necesidad’ de utilizar otro idioma. Confiábamos todo a las clases, creíamos que aprender un idioma era aprender vocabulario, conjugaciones, gramática... y nos daba vergüenza soltarnos a hablar, a preguntar. Como si un idioma sólo pudiera emplearse, cuando uno ha acumulado una serie de teorías que a lo mejor no sirven para nada a la hora de comunicar.
  • - Estoy de acuerdo con usted. Pero si le parece, para no centrarnos en teorías sobre ‘aprendizaje de idiomas’, le diré lo que ‘aprendí’ charlando con este joven, que ya no era un extravagante con rastas , sino un personaje interesante. Me dijo que sus ganas de aprender el español, era porque en Navidad debe empezar su servicio militar en Austria, y tendría la posibilidad de cumplirlo en un país extranjero prestando ‘sevicios sociales’.
  • - ¿Y ya tenía escogido el destino?
  • - Me dijo que estudiaba ingeniería informática y que su idea era de ir a hacer ese servicio social , ocupándose de jóvenes en Guatemala.
  • - Pues sí que tiene las ideas bastante claras para ser tan joven.
  • - Esa impresión me dio. Me preguntó por la posibilidad de algún tipo de centro o similar donde pudiera aprender mejor nuestro idiomas , durante un par de semanas. Pero no quería algo demasiado oficial, Se me ocurrió entonces una idea que podría convenirle.
  • - Don UNO, el tema no le es ajeno , así que no me extraña que sugiriera al ‘rasta-malabar’ alguna fórmula que le conviniera.
  • - Le aconsejé que se pasara por la Escuela de Idiomas, y preguntara en secretaría o a alguien del centro, porque sé que muchos alumnos españoles que estudian inglés, francés, alemán , ruso o italiano pinchan en los tablones de anuncios notas solicitando personas con las que puedan intercambiar idioma: español/inglés; español/alemán; francés/inglés...
  • - ¿Y cuál fue su reacción?
  • - Me sonrió, me dio las gracias porque la sugerencia parecía interesarle.
  • - Por eso le encontraba a usted con cara satisfecha.
  • - Sí, me gusta ser útil a alguien que merece la pena, y era una cosa que a mí no me costaba nada. ¿Qué piensa hacer ahora?
  • - Pues le acompañaré hasta su coche, y luego seguiré este camino hasta el Faro. Leí anteayer algo de lo que usted escribía sobre el nuevo Centro del Arte y quiero visitarlo.
  • - Me parece muy buena idea. Estoy seguro de que le encantará y hasta repetirá la visita. Feliz día , don OTRO
  • - Igualmente, don UNO. Hasta la próxima.
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