martes, enero 22

El pan de cada día

"NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE..." (Mt. 4. 1-11)

Hacía muchísimos años que el Náufrago no rezaba. Por ejemplo, no rezaba aquella oración que le enseñaron a recitar y que miles de veces hizo rutinariamente, sin pensar de verdad en lo que estaba pidiendo.

Hoy, sin pretenderlo, debe haberla rezado, porque la segunda parte de la plegaria se ha realizado. Pero ha tenido que recordarla, para darse cuenta de que había sido escuchada:
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Hoy ha recibido el ‘pan de cada día’. El pan que alimenta a los hombres, no es sólo ese pan que ha subido hasta los 80 céntimos y que se ha encarecido hasta en un 20 por ciento. Es cierto que ese pan que se hace con harina encarecida, no todos los hombres pueden comerlo, pero el pan al que se refiere ahora el Náufrago es el pan del afecto, de la atención, del respeto, de la comunicación, de una palabra amable, de una sonrisa, ese pan interior que también nos alimenta. Y mucho.

Hoy le han dado a probar ese pan varias personas con las que ha tratado esta mañana. Muy temprano, al llegar al gimnasio, le ha dado el pan del afecto, un antiguo alumno que es ahora el gerente de un grupo empresarial que se dedica a crear ‘espacios de bienestar’, alias gimnasios, espacios deportivos. Mientras se vestía, después de haber realizado varios ejercicios físicos y de relajación, antes de empezar su jornada laboral le explicó amablemente su cometido. Le dio toda la información que el Náufrago no conocía sobre el funcionamiento de los distintos complejos de los que se ocupa. Más que la información era la forma de hacerle partícipe de su trabajo lo que agradecía.

No sé si ‘perdonaba las ofensas que como profesor pudiera haberle hecho calificándolo con unas u otras notas, como ‘yo perdonaba las suyas, si alguna vez no había sido el alumno que los profes exigen. No es el caso. Además, le 'dejó caer en la tentación. Ir a la piscina y pasar luego unos minutos en la sauna.

‘Pan’ de afecto también le dieron en la librería donde habitualmente compra sus libros. Se lo dio la joven que se desvivió en buscar el libro que le pedía y que no paró hasta lograr localizarlo. Al principio, no aparecía, y cuando el Náufrago estaba en otra sección, acudió hasta él para, contenta y sonriente, decirle que por fin , ‘lo había encontrado’. Y ‘pan’ amasado de atención, le dio el encargado de otra sección de la misma librería, cuando accedió a cambiarle un libro que el Náufrago había equivocadamente adquirido hacía poco, al cambiar el título que realmente deseaba. Cuestión de una preposición.

Hubo después más panes que le ‘libraron del mal’ del desafecto, la frialdad, la agresividad, la grosería, que también encontramos en el afán de cada día. Lo que sucede es que normalmente subrayamos las situaciones desagradables que cada día nos privan del pan que remedia esas otras hambres, muy humanas . Amén

2 comentarios:

Felix el gato dijo...

Ey! Me ha gustado muchísimo el post, lo primero, la gente no sabe el bien/mal que te puede hacer sólo con atenderte de una forma determinada.

¡Qué bueno que te hayas apuntado al gimnasio! Lo complicado es aguantar, yo para entretenerme le daba palique a todos mis compañeros. Ahora no voy que me pilla lejos, pero sigo con las actividades "extraescolares" hoy he llamado a una academia para ver si aprendo inglés "como Dios manda" de una vez por todas. (El francés creo yo que va a ser en otra vida)

Muchos besos

El Náufrago dijo...

Es cierto que a menudo no nos fijamos en lo que puede levantar el ánimo decaído un saludo amable , una sonrisa. Es una lástima que esta vida que vivimos tan deprisa nos prive de la calma necesaria para decir un 'buenos días' de verdad.

Sobre lo del gimnasio, hace ya varios meses que madrugo para ir a darme un baño o 'saunarme'. Me viene muy bien y no me cuesta nada ir cada día.

Para lo del inglés, además de la academia, habla con 'Rajoy' que promete hacer a todos los españolitos y españolitas bilingües.

Pero lo mejor para aprender cualquier idioma es encontrar la forma de pasar una temporadita en el país en que se habla. Sé que no siempre es fácil, pero es la mejor manera de no tener que estar 'empezando' una y otra vez.

Y lo del francés, lo dejaremos para las próximas vidas.

-Kisses