El oído de Douce y el Almendro

Sabía que el olfato de Douce me sabía desde muy lejos, que desde el portal al cuarto piso
es capaz de adivinar mi presencia.

Sabía también que tenía oído fino,pero ahora , en este instante, sé que aunque descanse lejos oye el crujir del papel de alumnio que recubre los últimos turrones. Pero no ha sido el olor, ha sido el oir que mis dientes golosos mordían las almedras del Almendro lo que le ha hecho abandonar el rincón de su descanso y venir hasta mí y pedirme sus ojos que sea para ella el último trozo,el más pequeño.

Y así lo hemos hecho,entre los dos hemos dada por terminado la última almendra,la última miel,la última oblea.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
A los dos se os van a caer los dientes. ¡¡¡Y a Douce le puede provocar diabetes el dulceeeeee!!!
(kbzón y zqt) :))

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