La filosofía del té

Quizá haga una ‘presentación’ ilustrada con las anotaciones que estoy subrayando en mi lectura. Creo que lo merece, de momento iré subrayando mis ‘hallazgos’. Pero no lo olviden, los escoge mi cardíaca.
Entre los ‘maestros del té’ se halla Lu Wu, un poeta chino del siglo VIII, primer apóstol del té. Nació en una época en que el budismo, el taoísmo y el confucionismo buscaban una síntesis. El simbolismo panteísta de la época exigía una representación que reflejara lo universal en lo particular y así lo plasmó en su obra “Ch’a Ching” ( La Sagrada Escritura del té), que, como deja entrever el título chino, es algo ‘ muy Cha-chi’.
Lu Wu,con sus sensibilidad oriental, habla así de las hojas del té: “deben tener pliegues como las botas de cuero de los jinetes tártaros, estar rizadas como la papada de un buey poderoso, desenrollarse como la niebla que se eleva de un barranco, brillar como un lago tocado por el céfiro y ser húmedas y blandas como la buena tierra regada por la lluvia”.Sólo quien tenga esa sensibilidad y capacidad de ver todas esas cosas en unas sencillas hojas de té será capaz de degustar el sabor de la vida en una taza de té, a ser posible compartido. Y no como yo anoche, que escogí cualquier taza – la porcelana china nació del té - cuando cada especie de té requiere una, ni supe ver en el hervor del agua el momento oportuno, ni utilicé casi ninguno de los veinticuatro elementos del equipo del té, desde el brasero de trípode hasta el armario de bambú donde se guardan todos esos utensilios. Con nuestras prisas, con nuestra falta de modales, hemos olvidado la belleza de los ritos.
Sólo en ese clima podremos entender lo que escribió Lu T’ung sobre este brebaje:
“ La primera taza me humedece los labios y la garganta, la segunda rompe mi soledad, la tercera busca en mis entrañas estériles y encuentra en ellas unas cinco mil volúmenes de ideogramas extraños. La cuarta me provoca una ligera transpiración, y todo lo malo de la vida se me va por los poros. En la quinta estoy purificado; la sexta me lleva a los reinos inmortales. La séptima taza...¡ah ya no puedo tomar más! Sólo siento el hálito del viento frío que hincha las mangas de mi vestido. ¿Dónde está Horisan (el Paraíso chino)¡Dejadme cabalgar sobre esta dulce brisa y que me lleve por los aires!”Vamos , como para decirle eso a los que se acodan en la barra de nuestros bares cuando van por el cuarto ‘chiquito’ de la ronda. Y es que nosotros somos muy ‘castizos’
Comentarios
Bueno, y tampoco es cuestión de pillar un colocón con el té y embarcarse en un viaje astral, que con menos dosis hay drogas que lo propician. No me extraña que al séptimo descansara, como el otro.
Me quedo con el té saharaui que homenajea a la vida -el amargo-, al amor -el dulce- y a la muerte -el suave-, los tres misterios que trenzan la existencia
A esta ceremonia deberíamos darnos todos por invitados.
Bienvenido, a esta haima y tomémonos 3 tés y estaremos bien 'colocados'.
Ahora, de braseros, pliegues de botas tártaras y toques de céfiro en los lagos brillantes no puedo opinar. Solo del bienestar que me produce el aroma humeante y el sabor suave, potente, reconfortante, recio o áspero, según la ocasión.