Un baño de nostalgia o cómo cualquier tiempo pasado es diferente

Andamos ahora - me refiero a este ‘recuerdo periodístico del pasado’- al principio de los 60, cuando José Escobar da vida a Zipi y Zape que como hispanos, son mucho más traviesos que Tom y Jerry , Chip y Chop o Daniel el Travieso, sus competidores extranjeros. Son tiempos de suecas que revolucionan las playas y que atraen las miradas sobresaltadas del macho ibérico que hasta ahora creía que las mujeres sólo llevaban peineta. Los burro-taxis de Mijas, Granada, Málaga o Sevilla pasean sobre sus pacientes y torturadas espaldas por Bib Rambla, Larios o el Barrio de Santa Cruz a esos orondos turistas que nunca habían montado en vehículo tan ecológico. Años de ‘Nodos’, de obreros en la calle, de tardes de radio, fútbol, toros y Bahamontes, de procesiones y sermones, de muros en Berlín y bahías de Cochinos, de Plácidos y El Cid, de Rock & Roll , Estudiantes, Brincos y José Luises con su guitarra.
Hasta allí he vuelto en esta tarde, a ver esa película en blanco y negro que entre sus tonos grises hablaba de esperanzas, de tiempos mejores, con músicas que querían ser nuevas. Están invitados al guateque, José Luis y su guitarra, con Mariquilla: “Mariquilla bonita,/ graciosa chiquita, /tu eres mi querer./Yo te doy mi vida,/mi alma y mi sangre/ y todito mi ser...” una canción simple y cursi pero que tarareábamos al son del ‘mmm... mmm... pam nara, pam nara’.
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