La vuelta al trabajo

Son muchos los factores que intervienen en un ambiente de trabajo saludable y enriquecedor , asunto éste que por supuesto no parece preocupar a muchas empresas, instituciones o cualesquiera que sean los agentes que manejan los hilos laborales. Quizá sean muy pocos los privilegiados que encuentren en su ocupación diaria una fuente de satisfacción personal.
Si juzgo por mi trabajo, diría que, en general, no soplan buenos vientos en el mundo de la enseñanza. Los medios de comunicación , las encuestas y, desgraciadamente, los hechos, dan fe del estrés que supone para buen número de profesores la tarea de enseñar a muchos que no quieren. Conozco esos ejemplos de cerca. Profesores que tienen que lidiar, sí , lidiar, con grupos nada propicios para hacer buenas ‘faenas’ y a pesar de su esfuerzo, su interés, no logran dar sus clases en un ambiente de tranquilidad, atención y aprovechamiento. Las causas son muchas y no es éste el lugar ni es el momento de citarlas . No obstante no quiero dramatizar, porque no toda la realidad escolar es como a veces se presenta, hay que decir que aún se puede encontrar un buen porcentaje de alumnos interesados o al menos sin ese afán de ‘protagonismo’ y hostigamiento constante que se nos ofrece en los ‘medios’.
Afortunadamente la asignatura que imparto no es obligatoria, es una opción que los alumnos eligen más o menos voluntariamente, porque también están la sugerencias de padres que se interesan por la educación de sus hijos y les indican la conveniencia del aprendizaje de un segundo idioma. Si digo esto es para indicar que los grupos a los que doy clase no son grupos ‘tipo’, sino grupos en cierto modo selectos, tanto en lo que se refiere al número como al interés por aprender de los alumnos. Por eso puedo decir que, en general, ‘disfruto’ en mis clases. Esta mañana al volver a clase me he encontrado con el calor de mis ‘niñas’, digo mis niñas porque en el primer grupo de esta mañana sólo había un chico, su ‘otro’ compañero estaba enfermo. He de decir que el grupo que le seguía no es ni tan homogéneo, ni tan acogedor y no creo que sea porque chicos y chicas estén mejor repartidos, sino simplemente porque basta que en una clase haya dos o tres ‘elementos’ – en abstracto – que por cualquier causa no encajen en el conjunto, para que se altere un poco el ‘producto’. Cada grupo tiene una vida propia y esto hace que tanto el que trata de dirigir y coordinar el grupo, como los propios componentes se sientan y trabajen más o menos a gusto, más o menos eficazmente.
Esta es la reflexión que se me ocurre a estas horas en que declina la tarde y uno hace el balance de una jornada que , a pesar de ser la de la vuelta al trabajo, ha dejado un buen sabor de boca. Y me apetecía dejar constancia de ello.
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"Me matan si no trabajo" (Nicolás Guillén / Daniel Viglietti)
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