Vuelve la burra al trigo
DE ENTREVISTADORES Y ENTREVISTADOS
Hace pocas semanas hablando de un entrevistador o ‘periolisto’ ‘especialista en esto de ‘interviuves’, decía en este blog que en vez de ‘sacar’ del entrevistado alguna información ilustrativa sobre su persona o profesión, diríase que trataba de ser el listo de la clase con sus preguntas ‘incisivas’. Por el tono y el tema de las preguntas se diría que tiene ya ‘prejuzgado’ al afectado y trata de llevarle a sus prejuicios. No es que tenga nada de particular contra un tal Benedicte, bendito sea, a quien desconozco, pero me sigue pareciendo que sus preguntas parecen hechas más para la galería que para obtener algo nuevo e interesante del entrevistado.
En el anterior comentario se trataba de una monja a la que llevaba por los cerros de Úbeda. La buena sor no le mandó a la porra porque sus votos y su paciencia bendita debían impedírselo. En la entrevista a Raphael con motivo de sus “50 años después”, volvía la burra al trigo de meterle los dedos en la boca con los tópicos que circulan en torno al cantante de Linares. Pero esta vez el susodicho, que no tiene votos ni de pobreza, ni de castidad , ni de obediencia, se hartó de las ‘preguntas’ del impertinente preguntador y se sirvió de las mismas armas que parecen ser de uso del ínclito entrevistador (?).
Al Náufrago le importa bastante poco la figura del cantante, aunque respeta su carrera artística, no le interesan para nada sus ‘opciones vitales' pero le aplaude el haberle devuelto la moneda a su acosador. Todo parecía girar sobre el mismo asunto:
¿Por qué da la impresión de que el entrevistador le gusta ser el protagonista, a costa del entrevistado? Si lleva ya previsto oír las respuestas que él espera, ¿por qué se dedica a preguntar? Podía preguntarse y responderse él mismo, así se ahorraría el desplazarse.
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Referencia: XLSemanal, 4-10 de enero 2009

En el anterior comentario se trataba de una monja a la que llevaba por los cerros de Úbeda. La buena sor no le mandó a la porra porque sus votos y su paciencia bendita debían impedírselo. En la entrevista a Raphael con motivo de sus “50 años después”, volvía la burra al trigo de meterle los dedos en la boca con los tópicos que circulan en torno al cantante de Linares. Pero esta vez el susodicho, que no tiene votos ni de pobreza, ni de castidad , ni de obediencia, se hartó de las ‘preguntas’ del impertinente preguntador y se sirvió de las mismas armas que parecen ser de uso del ínclito entrevistador (?).
Al Náufrago le importa bastante poco la figura del cantante, aunque respeta su carrera artística, no le interesan para nada sus ‘opciones vitales' pero le aplaude el haberle devuelto la moneda a su acosador. Todo parecía girar sobre el mismo asunto:
- P: Queda claro que es neutral. Y que fomentó una cierta ambigüedad sexual ¿Es cierto?
R: Un serio ‘no’, fue la respuesta.
- P: ¿No me negará que hace años, había gente en el público que lo llamaba “maricón”?
R: Ya, como a ti te pueden llamar “hijo de puta” cuando te subes a un escenario.
- P: ¿Disculpe?
R: Mira, lo que has dicho es la palabra favorita de muchos españoles/.../
- P: Ahora, al parecer, va usted de icono gay
R: No soy icono de nada. No entiendo esta conversación, después de tantos años Es como la pescadilla que se muerde la cola
- P: De algo tendremos que hablar
R: ¿Y por qué no me preguntas por temas estrictamente musicales….?
(Cambio de tercio, ante tal respuesta, para seguir haciendo preguntas igual de interesantes: “¿Por qué le llaman ‘el conejito Duracell?--- ¿Dónde carga sus pilas?...
¿Por qué da la impresión de que el entrevistador le gusta ser el protagonista, a costa del entrevistado? Si lleva ya previsto oír las respuestas que él espera, ¿por qué se dedica a preguntar? Podía preguntarse y responderse él mismo, así se ahorraría el desplazarse.
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Referencia: XLSemanal, 4-10 de enero 2009
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