El sueño
DOUCE SE VA DE CASA
- Douce, esta noche he tenido un sueño…
-Ah ¿Sí? Tú siempre soñando ¿Y por eso tienes que despertarme a mí?
- Espera que te lo cuente y luego puedes seguir durmiendo.
- Oigamos, pero por favor sé breve, que aún es temprano para levantarse.
- Mira, he soñado que entrabas en el cuarto de los cachivaches y cogías tu maletita, muy pequeña, porque tú no tienes muchos enseres de tu propiedad. La cogías con tus dientes e ibas a la habitación de César donde tienes tus cosas. Allí abrías el maletín con tu boca y tu patita y metías tu cuenco de la comida, tu cepillo, el hueso que tienes para jugar y tu collar. Luego cerrabas con pena el cabás. Antes de salir fuiste a la cómoda y acariciaste con tu pata la foto de César mientras soltabas una especie de lamento. Yo te observaba y no entendía nada…
Luego saliste de la habitación. Desde el pasillo echaste un vistazo al salón y viste a César mirando la tele, ajeno por completo a lo que tú maquinabas. Esperaste a ver si volvía la cabeza y se daba cuenta de que tú estabas allí, esperando que separara su vista de la pantalla... Pero nada. Entonces te diste media vuelta y recorriste de nuevo el pasillo camino de la puerta… En ese momento es cuando me he despertado sobresaltado. Sin darme cuenta he gritado:
- “¡No, Douce, por favor, no te vayas!" Quería decirte que si César, tu amo, el que te trajo a casa, no se ocupa de ti, aquí me tienes a mí para jugar contigo, llevarte a la playa, sacarte de paseo, y darte alguna vez , a escondidas, un trocito de galleta… ¡Pero no te vayas! ¿Qué iba a hacer sin ti?...
- ¡Alto ahí, dramaturgo! ¿Qué sueño o qué historia es ésa de que yo me iba de casa? Jamás, óyelo bien, jamás, sería yo capaz de hacer eso. ¿A qué vienen esos sueños? Así que, por favor, deja de ponerte melodramático. Date la media vuelta y sigue durmiendo. Son las siete de la mañana y yo necesito descansar.
- Perdona, sé que todo ha sido un sueño, pero me ha angustiado mucho y por eso me he sobresaltado.
- Vale, pues ahora déjame que yo no sueño esas cosas (¡Ay, Señor, qué tío éste!. Ni dormir tranquila me deja)

-Ah ¿Sí? Tú siempre soñando ¿Y por eso tienes que despertarme a mí?
- Espera que te lo cuente y luego puedes seguir durmiendo.
- Oigamos, pero por favor sé breve, que aún es temprano para levantarse.
- Mira, he soñado que entrabas en el cuarto de los cachivaches y cogías tu maletita, muy pequeña, porque tú no tienes muchos enseres de tu propiedad. La cogías con tus dientes e ibas a la habitación de César donde tienes tus cosas. Allí abrías el maletín con tu boca y tu patita y metías tu cuenco de la comida, tu cepillo, el hueso que tienes para jugar y tu collar. Luego cerrabas con pena el cabás. Antes de salir fuiste a la cómoda y acariciaste con tu pata la foto de César mientras soltabas una especie de lamento. Yo te observaba y no entendía nada…
Luego saliste de la habitación. Desde el pasillo echaste un vistazo al salón y viste a César mirando la tele, ajeno por completo a lo que tú maquinabas. Esperaste a ver si volvía la cabeza y se daba cuenta de que tú estabas allí, esperando que separara su vista de la pantalla... Pero nada. Entonces te diste media vuelta y recorriste de nuevo el pasillo camino de la puerta… En ese momento es cuando me he despertado sobresaltado. Sin darme cuenta he gritado:
- “¡No, Douce, por favor, no te vayas!" Quería decirte que si César, tu amo, el que te trajo a casa, no se ocupa de ti, aquí me tienes a mí para jugar contigo, llevarte a la playa, sacarte de paseo, y darte alguna vez , a escondidas, un trocito de galleta… ¡Pero no te vayas! ¿Qué iba a hacer sin ti?...
- ¡Alto ahí, dramaturgo! ¿Qué sueño o qué historia es ésa de que yo me iba de casa? Jamás, óyelo bien, jamás, sería yo capaz de hacer eso. ¿A qué vienen esos sueños? Así que, por favor, deja de ponerte melodramático. Date la media vuelta y sigue durmiendo. Son las siete de la mañana y yo necesito descansar.
- Perdona, sé que todo ha sido un sueño, pero me ha angustiado mucho y por eso me he sobresaltado.
- Vale, pues ahora déjame que yo no sueño esas cosas (¡Ay, Señor, qué tío éste!. Ni dormir tranquila me deja)
Comentarios
Todos necesitamos que nos presten atención de vez en cuando.
Douce, no te preocupes que esto que acabo de decir es sólo un "calentón".
Bicos