De vuelta a casa

Le he notado que viene de un fresco primaveral, cantarín cual jilguero escapado de la jaula, sonriente cual mocita abrileña... y no digo más pijadas de éstas que parece que la que ha tomado las vacaciones soy yo. Me he alegrado por él, porque de paso me beneficiaré yo y adivino más paseos en el horizonte.
Nada más llegar, me ha sacado de paseo y me ha dicho que de todo lo que ha visto, visitado, paseado, degustado, sentido, lo que más le ha recordado a mi ‘persona’, han sido mis congéneres. Sí ¿ Y por qué necesito entrecomillar esa palabra, si yo tengo más sentimientos que muchas de las que se declaran oficialmente como tales? Bueno, a lo que iba, me ha dicho que ni museos, ni monumentos – todos los ‘monumentos’- que ha visto, recorrido o visitado, nada le ha llamado tanto la atención y emocionado como los perritos que ha visto en la ciudad del Tormes. Y de todos ellos, el que más ternura le ha inspirado ha sido un perro que se pasaba todos el día cuidando de los dueños y del ‘negocio’ de unos hippies que vendían sus pulseras, pendientes, collares y demás artesanías a cuantos pasaban por la puerta del Corrillo en ese entrar y salir incesante de la Plaza Mayor como una procesión turística interminable.
Dice que las demás cosas ya me las irá contando. Les mantendré al tanto.
DOUCE
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