Las menudencias nuestras de cada día.
SALUDOS Y DESDENES
La vida, a veces, no está hecha de grandes gestos ni heroicidades, sino de los pequeños detalles de cada día: un saludo, una palabra amable, una sonrisa, una disculpa… Es el conserje de casa que limpia el portal con los auriculares puestos que se los quita y responde a tus “Buenos días”. Más tarde te alegra la mañana la sonrisa de la chica que está en el mostrador del gimnasio y te saluda. Sin embargo, bajas a los vestuarios y ves que los ‘atletas’ que entran y salen perfectamente uniformados, se ahorran los saludos, preocupados quizá en sus pectorales y sus bíceps. ¡Qué contraste con el joven monitor que está a cargo de la piscina que siempre tiene un gesto amable que compensa de tanta indiferencia!
Si la mañana es algo ajetreada en idas y venidas a distintos establecimientos, debes tratar con conserjes, funcionarios, empleadas, dependientes, recepcionistas y sientes en cada uno de ellos la acogida, el desdén, la simpatía o la más absoluta indiferencia. Por casi todos esos estadios y estados de ánimo ha pasado esta mañana el Náufrago en su peregrinar de despacho en mostrador. Seis o siete contactos humanos con distintos matices de atención o indiferencia.
Luego en casa, sentado en el sofá, pasan por su mente la sonrisa de la recepcionista del gimnasio, la atención del mendigo que día a día hace guardia a la entrada del parking con su cuenco de mimbre en la mano, la amabilidad de la quiosquera a quien compra el periódico, el gesto adusto del funcionario a quien solicitó información o la atención de la chica MoviStar a quien hizo una consulta.
Pequeños importantes gestos que hacen más cálida la temperatura interior de esta mañana de septiembre lluviosa y desapacible. Por dentro, sin embargo siente el sereno bienestar de encontrar todavía gente amable que hace la vida algo menos desabrida.
¿O es que también ha llegado la ‘recesión’ a los “¡Hola! “, “¿Qué tal?”, “Buenos días”, a un gesto amable, a una sonrisa?

Si la mañana es algo ajetreada en idas y venidas a distintos establecimientos, debes tratar con conserjes, funcionarios, empleadas, dependientes, recepcionistas y sientes en cada uno de ellos la acogida, el desdén, la simpatía o la más absoluta indiferencia. Por casi todos esos estadios y estados de ánimo ha pasado esta mañana el Náufrago en su peregrinar de despacho en mostrador. Seis o siete contactos humanos con distintos matices de atención o indiferencia.
Luego en casa, sentado en el sofá, pasan por su mente la sonrisa de la recepcionista del gimnasio, la atención del mendigo que día a día hace guardia a la entrada del parking con su cuenco de mimbre en la mano, la amabilidad de la quiosquera a quien compra el periódico, el gesto adusto del funcionario a quien solicitó información o la atención de la chica MoviStar a quien hizo una consulta.
Pequeños importantes gestos que hacen más cálida la temperatura interior de esta mañana de septiembre lluviosa y desapacible. Por dentro, sin embargo siente el sereno bienestar de encontrar todavía gente amable que hace la vida algo menos desabrida.
¿O es que también ha llegado la ‘recesión’ a los “¡Hola! “, “¿Qué tal?”, “Buenos días”, a un gesto amable, a una sonrisa?
Comentarios
Quizá porque los tiempos de ahora no son los de antes. Quizá porque antes era la gente más feliz aunque en muchas ocasiones tuviese menos.
¿Es así o sólo me lo parece?...
Bicos
Pero también teníamos todos los jueves por la mañana una hora dedicada a 'Urbanidad y cortesía'. Se examinaba el orden de los pupitres, el cuidado de los cuadernos y los libros, la limpieza de las manos y las uñas, nos enseñaban a saludar, a levantarnos cuando visitaba la clase el director o alguna otra persona o profesor y cosas por el estilo...
Aquello desapareció. Hoy aquellos usos han desaparecido ... ¿Estigma de los tiempos o es que hemos arrumbado los buenos modos por 'antiguos'?
Estaba en una biblioteca rodeada de ventanas, con vistas al mar, en una zona de viento...
De repente llegó como un huracán una chica que parecía enfadada con el mundo, consigo misma, con los demás...abrió dos ventanas de par en par sin dignarse a preguntar a nadie, ni siquiera a las chicas que estaban estudiando cerca, si no les importaba que abriese...
Así sin más. Llegó. Abrió las ventanas de par en par. Se sentó y siguió con sus quehaceres sin importarle nada más...nadie más...
Realmente, estos detalles son los que me ponen enferma.
Continúo viendo Cuéntame. Me gusta mucho y hoy está especialmente bien.
:)