Viajes desde el sillón
Hay veces que el mundo viene a ti, se mete en tu casa. Viajar, evadirse, escapar de la rutina diaria como oxigenación de la mente y del alma, siempre ha sido una necesidad del Náufrago. Todos estamos necesitados de renovarnos por dentro y hay mil formas de hacerlo: viajando, leyendo, inventando mundos nuevos, soñando, evocando… A veces hay alguien que nos trae el mundo a casa. También son interesantes los ‘mundos’ de los demás si saben a algo vivido. Y eso es lo que le ha ocurrido al Náufrago hoy. Hasta casa le han traído fríos, minas, lagunas, volcanes, carreteras inverosímiles, aymaras, quechuas, calles y ciudades de Bolivia, Perú, Argentina… Y al Náufrago se le ha remozado el mundo interior.
Ayudando a un amigo o presentar sus centenares de fotos de recientes viajes por la Cordillera Andina, ha descubierto mundos, gentes, paisajes, costumbres impensados… Es de agradecer, además, que quien te lo cuenta lo hace sin afán alguno de vana presunción, sino como el que vuelca en ti una parte de sus experiencias personales .Entonces los paisajes más variados se abren en el abanico de sus alturas, en sus honduras, sus carnes mordidas por los vientos o sus colores. Sientes sus fríos, sus sorpresas, las gentes que llamaron su atención, las llamas, los flamencos, la vizcacha, los cóndores sobrevolando las cimas de los Andes…
Entonces comprendes que a veces reducimos nuestro mundo a un sitio acotado, pequeño, mezquino, sin pensar que hay otros cielos, otras montañas, otras gentes, otras riquezas y también otras miserias. Gracias, Marcos
Y para completar y sentir algo más que 'congojos', traten de conducir por esta carretera llamada "de la Muerte".
No en vano algunos se encomiendan a los dioses antes de emprender la ruta. Como éstos que hacen sus plegarias antes de emprender la ruta.
Ayudando a un amigo o presentar sus centenares de fotos de recientes viajes por la Cordillera Andina, ha descubierto mundos, gentes, paisajes, costumbres impensados… Es de agradecer, además, que quien te lo cuenta lo hace sin afán alguno de vana presunción, sino como el que vuelca en ti una parte de sus experiencias personales .Entonces los paisajes más variados se abren en el abanico de sus alturas, en sus honduras, sus carnes mordidas por los vientos o sus colores. Sientes sus fríos, sus sorpresas, las gentes que llamaron su atención, las llamas, los flamencos, la vizcacha, los cóndores sobrevolando las cimas de los Andes…
Entonces comprendes que a veces reducimos nuestro mundo a un sitio acotado, pequeño, mezquino, sin pensar que hay otros cielos, otras montañas, otras gentes, otras riquezas y también otras miserias. Gracias, Marcos

No en vano algunos se encomiendan a los dioses antes de emprender la ruta. Como éstos que hacen sus plegarias antes de emprender la ruta.
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