La rebelión de los perros
By DOUCE

Lo primero que vi fue a un apuesto perro, tranquilamente sentado a la puerta de una cafetería. Enseguida me malicié que algún amo de esos que sólo piensan en ellos, había entrado en el establecimiento a tomarse su café, su vino o su cerveza con el pincho correspondiente, mientras había dejado en la puerta a su amigo (?) protegiéndose de la lluvia como podía y esperando a que su amo acabara la faena.
Le miré por era realmente guapo, un real mozo canino, además con cara, no diré de buena persona, sino de buen perro. Vi también que su situación y su apostura no eran extraños a los viandantes y a otros amigos míos que por allí pasaban. Así pude observar a un perrito, con un elegante impermeable amarillo, acompañado de su dueña, que se acercó, se interesó por él y le preguntó cómo se encontraba. El buen mozo le dijo que no se preocupara, que ya estaba acostumbrado a esos plantes, y le agradeció su atención. También las personas que pasaban por allí le miraban, se detenían, pero como son algo más sosas no se atrevían a acercarse a él y hacerle una caricia.
En éstas, y cansado ya de estar en la misma posición sedente, se dio la media vuelta para cambiar de postura… Inmediatamente se abrió la puerta de la cafetería y apareció un señor mayor, de pelo blanco. Le riñó por haberse movido, indicándole que debía permanecer allí, en la puerta, pero sin moverse. “ ¡Ahí sentado! ¿Me has oído?”, le dijo, autoritario. No estaba yo por allí, si no, en cuanto el señorón aquel hubiera vuelto a entrar en la cafetería, le hubiera invitado yo:
- “ ¿Te vienes conmigo, chato? Te invito a cualquier salchicha o lo que sea. Si él se toma un chato, tú y yo podemos dar cuenta de un huesito, filete, gusanito o lo que se tercie. Pero ese egoísta merece una lección".
Y hubiéramos recorrido el Paseo de Pereda gritando : “ ¡Perros, Libertad, no más opresión!” …”¡Perros Libertad…”
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