Limpiando el alma

 LA MIRADA DE UN PERRO

Debo de confesar que después de haber dado a la luz la entrada anterior me sentía sucio por dentro, como si estuviera habitado por toda la basura que el género humano puede trasegar. Me sentía mal y debía buscar algo que me limpiara interiormente. Seguía viendo aquellas imágenes , oyendo aquellos escupitajos de tortura que me salpicaban.

Necesitaba limpiarme por dentro con emociones que me sanaran , que me perdonaran tanta suciedad. Miré a Douce y su mirada limpia me tranquilizó un poco, es como si hubiera vertido encima y por dentro de mí, el más limpio de los sentimientos. Iba a hablar con ella, mirándole a los ojos. Me dijo que estaba dispuesta a escucharme y así lo hizo. Después me llevó a la mesita donde reposan algunos libros y me dijo: "Toma, y lee". Y leí esto que aquí ven. Y me sentí más limpio.

Mi PERRO
(TESEO)

Mi perro es la mirada
fija del infinito,
la caricia del mundo,
la claridad del cielo.
Mi perro es una antorcha
de espuma interminable
que lava y desinfecta
las heridas de mi alma.
Mi perro es el camino
de regreso a mí mismo,
la alarma que se pasa
las horas esperándome.
Mi perro es la calma
de las nubes inmóviles,
la puerta que se abre
cuando todo se cierra,
la soledad del mar.
Ángel Guinda (Zaragoza 1948)

 ***
Mi PERRO
Allí sollocé sobre el mundo
y sobre la tierra cayó un vacío velador,
de ausencia, de lágrima derribada.
Mi perro murió en medio de la vida,
como una larga espada tendida,
nube cargada de recuerdos luminosos.
Y le vi llorar en el último momento.
Una gota de agua pura en sus ojos
reflejó una infinita pesadumbre,
oscura, cerrada, silenciosa.
Mi grito resonó perdido en el vacío,
desolador, hueco, de mi carne,
y besé sólo su recuerdo desesperado,
su lívida luz que me acogía.
Todavía quiero,
con mi mano tendida,
sentir tu calor y tu risa universal,
mirar esos inmensos ojos negros,
purísimos y nobles,
donde la soledad no existe
y la tristeza es compañía.
Mi perro guardaba palabras
en el corazón —aún sin edad para
pronunciarlas—,
y las nombraba una a una
en música cargada de esperanza,
de promesas, ondas puras
en un vaivén de mar,
y también de pena convulsa,
desolada, preñada de sombras,
cuando sentía un abandono.

Era un perro, solo un perro era,
me decían...
Y bajó el misterio oscuro
de la muerte en su mirada.
Allí sollocé sobre el mundo
y sobre la tierra cayó un gran silencio.

Miguel Basterra (Bilbao 1961)

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Referencia: "Vida de Perros" Editorial Buscarini 2007

Comentarios

Campurriana ha dicho que…
Me enternece la mirada de los perros. Lo necesitaba.

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