Una 'luz' entre las sombras

(PARA CAMPURRIANA)

Tu comentario sobre los perros-guía de los ciegos ha hecho pensar al Náufrago en uno que conoció hace poco. Siempre ha sentido una especial cercanía por esos seres que viven la vida entre las sombras y esos perros que les sirven de guía y les ayudan a abrirse paso en su oscuridad. Más de una vez ha conversado con ciegos y discretamente ha tratado de acercarse de saber cómo es, cómo ‘ven’ en su mundo de eterna sombra.

Pero hoy, Campurriana, no quiere hablar del hombre o la mujer que no ven, sino de esos perros que tú evocas en tu comentario, moviéndose, diestros, por la ‘ciudad subterránea de Madrid’. Al leerlo no pudo por menos de pensar en Eurípides, León, Lázaro o cómo se llamara aquel perro que todas las tardes llevaba a su dueño a sus clases del Bachillerato a distancia (IESAD). Martes, miércoles o jueves, el día en que su dueño, un joven que rondaría los veintitantos años, asistía al Instituto.

Recorrían las calles, se detenía ante los semáforos, entraba con él en el Centro, subía las escaleras y le llevaba a su dueño hasta el aula que le correspondía. Lázaro, León, Eurípides , o como se llamara, porque el Náufrago no recuerda su nombre, asistía a todas y cada una de las clases, se tendía en el suelo, mientras su dueño escuchaba y tomaba notas con su aparatito de ciego. 'Lázaro', era el más atento de los alumnos, escuchaba todas las explicaciones, sin un bostezo, sin ningún parpadeo. Ni siquiera se removía en su ‘pupitre baldosa’. Todo le interesaba: la Revolución Industrial, El régimen de la Restauración, las Vanguardias pictóricas, el Materialismo histórico y práctico, los verbos ingleses, el futuro con "will" o "going to", los comentarios de texto, la derivada de una función en un punto, o el teorema de Bayes…

Terminadas las clases, volvía a desandar los pasillos, bajaba las escaleras y le llevaba hasta la entrada del Instituto. Al salir, algunas veces les esperaba la novia de su amo, si no, él esperaría en el semáforo que hay a la salida del centro, cruzarían la calle, girarían en la esquina y ambos, con un paso ni lento, ni apresurado llegarían a casa. Sería el momento en que Lázaro, León o Eurípides pudiera descansar de la responsabilidad de su trabajo.

Campurriana, yo tampoco te puedo decir la raza del guía. Su verdadera raza era la de ser perro y guía entre las sombras. Buena jornada. Gracias por habernos dado a Douce y al Náufrago la oportunidad de haber podido expresar lo muy cercano que se sienten de los que no ven con los ojos externos - sí, y muy profundamente con los de dentro – y de su guía en la Noche.

Comentarios

Campu ha dicho que…
Me siento halagada por esta dedicatoria, Náufrago.
Muchas gracias. Me ha hecho mucha ilusión este regalito.
:)

Realmente fieles estos perritos... Dicen que el más fiel entre los perrunos es el Pastor Alemán...creo que el Labrador puede tener cabida en esta posición también, sin lugar a dudas...

Abrazos y feliz fin de semana.

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