Unos niños especiales

By DOUCE

- Estos días me estoy poniendo las botas. No crean que yo necesito calzar mis patas con ese calzado, es una expresión que he oído a mi papá cuando me da por comer lo que me gusta o dedicarme a mis aficiones favoritas a satisfacción. Pues pasa que estos días me los estoy pasando pipa, porque como suele amanecer algo nublado, mi papá aprovecha para ir a la playa temprano aprovechando que la gente si no ve algo de sol se queda en sus casas. Así que llevo tres días yendo a la playa.

- Cuando llegamos, suele estar la cala vacía así que hacemos lo que nos da la gana. Él se pone sus gafas para ver las ‘profundidades’, bueno profundidades de 3 metros, y se dedica a ahuyentar los bancos de peces que se asustan al verle, o contemplar los fondos marinos, cada vez más escasos de fauna y flora, que no sé muy bien qué es. Hoy, después de que él se hubiera bañado y yo revolcado, jugado con mi pelota y esperarlo en la orilla, han bajado a la playa 4 niños de unos once o doce años, acompañados de un chico y una chica de unos veintitantos. Dejaron sus mochilas en la arena, los que les acompañaban – me ha dicho mi papá que se llaman monitores – les ayudaron a sacar sus toallas y extenderlas sobre la arena. Todos debían de tener más o menos la misma edad, pero había uno que era más alto que los otros, un rubito, otro más delgadito y otro más. Tres de ellos eran bastante guapos, menos el mayor que le notaba yo algo especial en la cara, además se movía más torpemente que los otros y llevaba los brazos como colgando cuando caminaba.

- Estuve un rato fijándome en ellos, porque a pesar de tener una cara de niños normales y hasta muy bien vestidos, no se comportaban como los niños que yo conozco. No hablaban entre ellos, no jugaban. La monitora les invitó a que la acompañaran al agua pero no se bañaban, se quedaban en la orilla, mojándose solamente los pies y mirando el agua. El rubito, estuvo todo el tiempo en la orilla, sin hablar con nadie. El delgadito se cansó enseguida y vino cerca de nosotros y se tumbó en la arena. El monitor se puso a hacer un gran castillo de arena, le echaba un poquito de arena en la barriga y la chica le hacía cosquillas con un alga, pero él apenas les hacía caso. Luego vino el más alto, se sentó en su toalla puso sus brazos abiertos sobre las rodillas y dejó la mirada perdida como si no se fijara en nada.

- Yo me puse a cavar mi hoyo para guardar mi pelota por si me la quitaban y se acercó la monitora porque un niño me la quería quitar. Mi papá le dijo que no importaba, que se la dejara, pero el niño no me hacía caso. Era el más guapito y hablaba un poco, los otros apenas decían nada. Yo no acababa de entender . A pesar de que me acercaba, ellos no me acariciaban. Luego el monitor les ayudó a sacar unos zumos de esos que tienen pajita. El mayor no sabía cómo se hacía para beber, el monitor se la colocó en el envase de cartón y le dijo al que me había cogido la pelota que chupara y luego se lo pasó al otro para ver cómo se hacía, hasta que se le cayó la pajita, entonces el otro aprovechó para terminar el zumo. Luego se pusieron a comer gusanitos y otras chuches,. Yo me senté delante de ellos para ver si ‘caía’ algo, pero no me hacían caso. Eso me mosqueó un poco, seguí esperando, pero como no veía intención alguna de que se acordaran de mí, así que me volví a mi hoyo pensando para mis adentros : “¡Qué niños tan raros! No parecen niños!” Pero no dije nada.

- Al marcharnos, mientras el monitor seguía haciendo el castillo sin que ninguno le ayudara, el delgadito se había sentado al lado de la monitora y ponía su brazo sobre el vientre de la chica como abrazándola. Mi papá, que es un curioso de cuidado, se acercó a la chica y le preguntó qué tipo de niños eran. “Son autistas”, le respondió. Yo no entendí lo que quería decir, pero comprendí que se trataba de algo raro. Le explicó que pertenecían a una asociación de este tipo de chicos y que cada uno tenía unas características peculiares. Mi papá no insistió más . Cuando tenga tiempo te explicará algo sobre eso, pero que es algo muy complicado”, me dijo al ver que yo le miraba interrogante. “Luego te pondré un vídeo para que lo entiendas mejor”.

-“Para ese viaje no se necesitan alforjas”, farfullé por lo bajo, porque yo enseguida me había dado cuenta. Se cree que soy tonta y no me entero de las cosas.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Que relato más bonito... me he emocionado.

Julio, me gustaría que conocieras a mi padre, he puesto una foto suya en mi blog.

Un beso de los nuestros ;)
Anónimo ha dicho que…
Cómo soy un gato curioso me dá en la nariz que los dos tenéis la misma situación "civil" lo mismo me equivoco, y él cuida mucho de sus 4 cahorros un poco "neuróticos", pienso q con lo que he puesto en mi blog puedes entender mucho de las relaciones padres e hijos... y no he escrito todo lo que querría para que a mi madre no le entren celos.

Muak! (Perdona mi osadía)
Anónimo ha dicho que…
Ya lo decía Whitman:

"El objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo".
Anónimo ha dicho que…
Gatín, es una foto muy tierna.- Veo que estás muy bien protegida y me alegro por tí y por tu padre que podáis compartir vuestro cariño.

Sobre lo demás, lo dejo a tu olfato de gato.Seguramente él no está 'jubilado';-)
Anónimo ha dicho que…
Ni tú tampoco, lo que escribes es completamente publicable y haces unos reportajes maravillosos en tu blog, bueno ¡Qué le voy a decir al director de una revista!

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