François Hollande- Valérie Trieweiler-Ségolène Royal y unas fotos

Dejados de lado esos aspectos, importantes, nos encontramos de nuevo con el eterno problema de esta sociedad que vive de la imagen, el chismorreo, y no se detiene ante nada cuando se trata de vender, ganar dinero, 'sorprender', proporcionando al personal la carnaza que le gusta consumir. El público lector pasa por encima del dolor personal que pueda sentir la mujer ‘abandonada’: “François l’a quittée pour elle”, subraya el semanario, debajo de las fotos en que la pareja descansa. Una playa marroquí, a algunos kilómetros de Tanger.
Es lógico que ni a la pareja sorprendida, ni a la ex pareja y sus hijos, sobre todo, les resulte muy agradable, por decirlo suavemente. Pero las ventas, el morbo que llama al dinero, superan cualquier barrera ética. Hasta resulta ingenua esta reflexión.
Pero, lamentablemente, es lo que hay. No corren demasiados buenos aires para Ségolène Royal. En los tiempos que vivimos es difícil separar actividad política y vida privada, y menos, cuando se trata de hacer una vida privada de acuerdo con las propias convicciones personales. La gente necesita su venganza por sus propias frustraciones. Los medios lo saben y les sirven la venganza fría, en bandeja de papel couché.
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