viernes, marzo 12

De la Alcazaba al Guadiana

ANDANZAS POR TIERRAS PACENSES

A los que le preguntaban por los motivos de sus viajes, Montaigne les contestaba: «Je réponds ordinairement à ceux qui me demandent raison de mes voyages: que je sais bien ce que je fuis, mais non pas ce que je cherche.» Algo así como : "¿Mis viajes? Sé de lo que huyo, pero no lo que busco”.

El porqué del viaje reciente del Náufrago, además de reencuentros familiares, tenía también algo de lo que dice pensador bordelés. Al Náufrago le gusta viajar, para huir de la rutina diaria, para renovarse por dentro, para abrir los ojos. No suele ser ‘turista’, procura ser ‘viajero’ hacia Ítaca y alargar el ‘viaje’ lo más posible. Si no dispone de tiempo, al menos procura seguir el consejo de Kavafis, hacerse ‘rico con cuanto hayas ganado en el camino”. Siguiendo el consejo del poeta, procura estirar lo más posible su breve estancia en la ciudad pacense y en cuanto tuvo unas horas de tiempo libre, subió hacia el casco viejo de Badajoz. Allí se regaló un hermoso y enriquecedor paseo recorriendo la Muralla de la Alcazaba, mirando el río, colmado de agua, recreándose en sus jardines, disfrutando la vista de la ciudad desde lo alto del cerro sobre la que se asienta.

Visitar, vivir La Alcazaba, era retroceder más de diez siglos, entrar en la vida de esta ciudad, ver restos de más de dos mil años, asistir al paso de Romanos, Visigodos, Almorávides, Almohades, conquistas y reconquistas, dependencias califales y soberanía de Taifa, para ser más tarde, testigo y víctima de guerras civiles castellanas y enfrentamientos hispano-lusos…

Las ciudades no son sólo los comercios, las modernas avenidas, los edificios oficiales, los bares, las estaciones de llegada y de salida, tienen un ‘alma’ hecha a lo largo de los siglos. Lugares y personajes que pintaron, escribieron, dejaron la ciudad y las dehesas, atravesaron el océano y conquistaron tierra. Sus nombres resuenan en sus calles: Cortés, Pizarro, Orellana… Toda esa ‘historia’ está recogida en los mosaicos de los bancos y en las estatuas de bronce de la plaza.

Visitar la ciudad es perderse pos sus calles estrechas, intrincadas, entoldadas, que bajan desde la Alcazaba hasta el Guadiana. Quizá la ciudad no figure en los centros de interés ‘turístico’ que reparten las agencias de viaje, pero tiene una vida rica, propia, que brinda su alma a cualquiera que desee mirarla con los ojos de dentro.

4 comentarios:

Sylvia Otero dijo...

Mirá vos Náufrago, D. Michel qué clara que la tenía no??

Bueno, si todos los viajeros son como nosotros, tipo huidizos pero sin una meta fija.

Me encantó tu relato y tus fotos.

Je vous en remercie vivement!!

M. Luz dijo...

No recuerdo los jardines. Es más, creo que no los conocía.
Y este húmedo paseo que aquí traes, en poco se parece a mis recuerdos de esa capital, en un incipiente pero ya muy caluroso verano de hace más de diez años.
Me ha gustado mucho.

Julio dijo...

Gracias, Sylvia

Lo bueno de los viajes, además de salir de la rutina diaria, está en la emoción del preámbulo, las sorpresas y la novedad de lo descubierto y el repaso de lo vivido... Lo demás debe ponerlo el 'viajero'.

Celebro que hayas disfrutado de las fotos. Me gustaron, cuando escogí el motivo y el ángulo. Ahora disfruto después de haberlas 'ordenado' y revivir el viaje y poder exponerlo para compartirlos con los que deseen.

Además, seguiré aprendiendo más cosas sobre los sitios visitados.

Remercier c'est bien, mais le plus important c'est qu'on puisse partager ce qu'elles représentent.

Bon week-end!

Julio dijo...

A mí también se me 'escapaban' los jardines que quedan a la izquierda, cerca de la Alcazaba.

Un poco más tarde, bajando por la calle de San Juan, que desemboca en la Plaza donde se encuentran el Ayuntamiento y la Catedral, entré en la Oficina de Turismo, para pedir información. Una amable chica me recomendó la visita de los jardines. Volví sobre mis pasos y fue entonces , cuando descubrí que valía la pena la visita.

He estado varias veces en Badajoz. la primera subí al Casco Viejo, que tenía un poco de mala fama. El ambiente de esta Plaza reformada y desaparecidas algunas viviendas, la verdad es que dan otro tono al sitio y la ciudad.

Esta vez si valió la pena. Además, con la lluvia, apenas había gente. Era el único visitante que se paseaba por la Alcazaba y el Museo

Celebro que te haya gustado y tener una visión añadida a la que tuviste en aquel día de pre-verano