Postales y adornos navideños
LAS OTRAS NAVIDADES
Estamos a 7 de Diciembre y ya han llegado a la isla las felicitaciones navideñas más madrugadoras. El Náufrago es todavía muy cumplido y agradece este recuerdo. En estos tiempos de ‘progreso’, son ya muy pocas aquellas postales o cartas que llegaban, vía ‘Correos’. Nos estamos acomodando a los tiempos de prisas, urgencias y nos cuesta ir a escoger la tarjeta, escribir un texto, bastante tópico por cierto, ponerle el sello, y cuando ya tenías el ‘paquete’ de postales de familiares y amigos, los depositabas en aquel buzón con la boca abierta de un león. Últimamente, sólo tienen ese detalle D. Isidoro Álvarez, dueño y señor de El Corte Inglés, que no falla ni un cumpleaños, ni una Navidad, el Concesionario de Citroën, por eso de haberle comprado un coche… y pocos más.
Todos los demás ‘felicitadores’, te llaman por teléfono, te envían un e-mail, un sms, o una postalita cibernética con papás noëles, cajitas de regalos, campanitas con lazos dorados, paisajes de nieve, ositos de peluche, renos o elfos que se mueven… Y un Merry Chritsmas de regalo
El Náufrago se siente cada vez más mayor. Hubo un tiempo en que todavía lo toleraba y se decía: “son otros tiempos”. Ahora ha decidido ser un cascarrabias, y si no le gusta, pues decirlo. Ha preferido volver a los tiempos de antaño y que cada cual lo celebre a su modo. Este año, si quiere transmitir su afecto y sus buenos deseos, escogerá una imagen que haga alusión a lo que se festeja. El Náufrago tiene serios problemas con la religión que le enseñaran de pequeño, pero ese es un asunto personal que a él sólo le concierne. Esas ‘cuentas’ no tienen nada que ver con la Navidad que él celebra, al margen de comidas, de consumos y otros festejos. Allá en el fondo, creencias aparte, prefiere la imagen de una mujer joven, mirando a un niño medio desnudo, en un pesebre, un hombre, de pie, en un segundo plano y dos cabezas de asno y buey, calentando con su aliento al bebé del pesebre.
Qué quieren que les diga, al Náufrago no le dice nada ese señor gordo, ni sus renos, sus campos de nieve, las bolitas, las lucecitas y otras cursiladas… Ya sabe dónde encontrar las imágenes que él escogería. Son las únicas que su memoria reconoce. Hoy mismo, pasando por delante de una de las muchas tiendas que los ‘chinos’ han instalando en nuestras calles, miró su escaparate. El Náufrago no se cayó para atrás de milagro. Cuando se repuso, fue a casa, cogió la cámara y captó aquella imagen. Una de tantas, más o menos horteras, que adornan nuestras Navidades.

Todos los demás ‘felicitadores’, te llaman por teléfono, te envían un e-mail, un sms, o una postalita cibernética con papás noëles, cajitas de regalos, campanitas con lazos dorados, paisajes de nieve, ositos de peluche, renos o elfos que se mueven… Y un Merry Chritsmas de regalo
El Náufrago se siente cada vez más mayor. Hubo un tiempo en que todavía lo toleraba y se decía: “son otros tiempos”. Ahora ha decidido ser un cascarrabias, y si no le gusta, pues decirlo. Ha preferido volver a los tiempos de antaño y que cada cual lo celebre a su modo. Este año, si quiere transmitir su afecto y sus buenos deseos, escogerá una imagen que haga alusión a lo que se festeja. El Náufrago tiene serios problemas con la religión que le enseñaran de pequeño, pero ese es un asunto personal que a él sólo le concierne. Esas ‘cuentas’ no tienen nada que ver con la Navidad que él celebra, al margen de comidas, de consumos y otros festejos. Allá en el fondo, creencias aparte, prefiere la imagen de una mujer joven, mirando a un niño medio desnudo, en un pesebre, un hombre, de pie, en un segundo plano y dos cabezas de asno y buey, calentando con su aliento al bebé del pesebre.
Qué quieren que les diga, al Náufrago no le dice nada ese señor gordo, ni sus renos, sus campos de nieve, las bolitas, las lucecitas y otras cursiladas… Ya sabe dónde encontrar las imágenes que él escogería. Son las únicas que su memoria reconoce. Hoy mismo, pasando por delante de una de las muchas tiendas que los ‘chinos’ han instalando en nuestras calles, miró su escaparate. El Náufrago no se cayó para atrás de milagro. Cuando se repuso, fue a casa, cogió la cámara y captó aquella imagen. Una de tantas, más o menos horteras, que adornan nuestras Navidades.
Comentarios
:)
No sé cuánto tiempo hace que no escribo una carta de ésas, para bochorno mío, lo confieso.
Sigue manteniendo esa hermosa costumbre, Campu.
Besos,
Ya veo que el más 'perezoso' sigo siendo yo.
Tendré que ir pensando... Pero me parece que no voy a cambiar esta mala costumbre.
Os felicito. Ya lo haré desde esta isla.
Lo que pasa es que aquí quitaron el último buzón de Correos que había, porque no era rentable:-)Ya veré cómo la hago
Besos.
(Que conste que yo no estoy muy de acuerdo con mi papá en esto)
Douce
Soy aficionado a las postales, por eso les encontré, saludos.
Un saludo