De oleajes y carteles
Pues tal cómo está el patio resulta difícil que no nos salpique la que está cayendo. ¡Qué difícil es ser perro entre los humanos! Lo del perro lo digo porque Douce, la becaria de esta isla, es la única de la casa que aunque caigan chuzos y relámpagos no se queja y sigue su hoja de ruta. Esta mañana, ella pensaba sólo en una cosa: ver cómo disfrutaba de la mañana por muy ventosa y lluviosa que se presentara…
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En los carteles han puesto nombres que... |
Pero sigamos. En primer lugar, ‘¡albricias!, nos ocupamos del paseo ‘per se’. Vimos el mar encrespado, nos mojó ligeramente la lluvia, y asistimos al vals o al tango de las olas que rompían en nuestra cara, no que nos la rompieran. Douce se paseaba por la playa, sin preocuparse por el vals de las olas, mientras el Náufrago asistía a los vaivenes de los surfistas y el deshacerse del mar en espumas.
Hasta ahí, todo bien, todo sensato, todo saludable, dentro lo que cabe. Era aprovechar de la airada belleza del mar, que para eso es mar: en calma o en tormenta. Lo peor no era ese azotar del viento y la crispación del agua. Lo más ridículo serían después las paradas que el Náufrago haría para tomar nota entre esos carteles de 'botas de agua Decathlon a 11’95 € PVP.' , el 'Menú King Burger a 3’30 €' y la ganga del 'Scirocco Volkswagen', los ‘otros productos’ que se han integrado recientemente al “mercado”. No aparecía el ‘precio’, sólo se veía a personajes ‘encorbataos’ o ‘décoltés’, con semi sonrisas tipo photoshop o subrayando unos bigotes, con o sin puños, y unos ‘emblemas’ ya socorridos, imperativos y hasta admonitorios. Hablaban de ‘cambio’, de ‘peleas’ y de el ‘¡nos van a oír!’… (¡Qué miedo!)
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- Douce tenía razón entre el mar y los carteles no había color a la hora de escoger y vivir
Comentarios
Hay, sigue habiendo, cosas muy bellas sobre nuestros terruños. Los caretos de estos políticos tan escasamente valorados no nos dejan verlas. Por favor, no perdamos lo más bonito de la vida, del día a día...
:)
No debemos dejar que estos 'señores'y los que manejan sus hilos, nos saturen con su inepcia, con su verborrea y sus chanchullos.
Pueden creerse el ombligo de nuestras vidas, pero hay mil cosas más importantes que seguir su ritmo. Por mucho que chillen y pregonen no les 'pertenecemos'.
Hoy daba gusto ver el mar un poco enfurruñado
Felices sueños