De 'desafectos' y otras afecciones
Si digo la verdad este texto que llegó hace unos días a esta isla, me pareció antiguo y actual a la vez, sensato e incomprensible para otros y decidí dejarlo arrumbado en el baúl de los recuerdos. Bastante ya tenemos con lo que nos rodea como para echar más leña al fuego del asunto Hoy, quizá porque necesitaba expresar lo que hurga por dentro, levanté la tapadera del baúl de las malas sensaciones y me decidí a anotarlo en el diario de a bordo.
El Náufrago de esta isla no va a enredarse en lo que está viendo , día a día, y acumula una amalgama de sensaciones variadas, no demasiado positivas. Siente a la vez desdén, hartazgo, aburrimiento y deseo que se aclare de una vez, pero tiene conciencia que durará 'años', y tendrán que pasar qños antes de que las cosas se coloquen en su sitio. Si es que se colocan.
***
SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL EN 1934: "No me explico este desafecto a España de Cataluña y Vasconia"

En la Facultad de
Medicina de Barcelona, todos los profesores, menos dos, son catalanes nacionalistas; por
donde se explica la emigración de catedráticos y de estudiantes, que no llega
hoy, según mis informes, al tercio de los matriculados en años anteriores. Casi
todos los maestros dan la enseñanza en catalán con acuerdo y consejo tácitos
del consabido Patronato, empeñado en catalanizar a todo trance una institución
costeada por el Estado.
A guisa de
explicaciones del
desvío actual de las regiones periféricas, se han imaginado varias hipótesis,
algunas con ínfulas filosóficas. No nos hagamos ilusiones. La causa real carece
de idealidad y es puramente económica. El movimiento desintegrador surgió en
1900, y tuvo por causa principal, aunque no exclusiva, con relación a Cataluña,
la pérdida irreparable del espléndido mercado colonial. En cuanto a los vascos,
proceden por imitación gregaria. Resignémonos los idealistas impenitentes a
soslayar raíces raciales o incompatibilidades ideológicas profundas, para
contraernos a motivos prosaicos y circunstanciales.
¡Pobre Madrid, la
supuesta aborrecida sede del imperialismo castellano! ¡Y pobre Castilla, la eterna
abandonada por reyes y gobiernos! Ella, despojada primeramente de sus
libertades, bajo el odioso despotismo de Carlos V, ayudado por los vascos,
sufre ahora la amargura de ver cómo las provincias más vivas, mimadas y
privilegiadas por el Estado, le echan en cara su centralismo avasallador.
No me explico este
desafecto a España de Cataluña y Vasconia. Si recordaran la Historia y juzgaran
imparcialmente a los castellanos, caerían en la cuenta de que su despego carece
de fundamento moral, ni cabe explicarlo por móviles utilitarios. A este respecto,
la amnesia de los vizcaitarras es algo incomprensible. Los cacareados Fueros,
cuyo fundamento histórico es harto problemático, fueron ratificados por Carlos
V en pago de la ayuda que le habían prestado los vizcaínos en Villalar,
¡estrangulando las libertades castellanas! ¡Cuánta ingratitud tendenciosa
alberga el alma primitiva y sugestionable de los secuaces del vacuo y
jactancioso Sabino Arana y del descomedido hermano que lo representa!
La lista
interminable de subvenciones generosamente otorgadas a las provincias vascas
constituye algo indignante. Las cifras globales son aterradoras. Y todo para
congraciarse con una raza (sic) que corresponde a la magnanimidad castellana
(los despreciables «maketos») con la más negra ingratitud.
A pesar
de todo lo dicho, esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos,
prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y
desmembraciones fatales para todos. Estamos convencidos de la sensatez
catalana, aunque no se nos oculte que en los pueblos envenenados
sistemáticamente durante más de tres decenios por la pasión o prejuicios
seculares, son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas.
No soy adversario,
en principio, de la concesión de privilegios regionales, pero a condición de que no
rocen en lo más mínimo el sagrado principio de la Unidad Nacional. Sean
autónomas las regiones, mas sin comprometer la Hacienda del Estado. Sufráguese
el costo de los servicios cedidos, sin menoscabo de un excedente razonable para
los inexcusables gastos de soberanía.
La sinceridad me obliga a
confesar que este movimiento centrífugo es peligroso, más que en sí mismo, en
relación con la especial psicología de los pueblos hispanos. Preciso es
recordar –así lo proclama toda nuestra Historia– que somos incoherentes,
indisciplinados, apasionadamente localistas, amén de tornadizos e imprevisores.
El todo o nada es nuestra divisa. Nos falta el culto de la Patria Grande. Si
España estuviera poblada de franceses e italianos, alemanes o británicos, mis
alarmas por el futuro de España se disiparían. Porque estos pueblos sensatos
saben sacrificar sus pequeñas querellas de campanario en aras de la concordia y
del provecho común.
Santiago Ramón y Cajal
Comentarios