sábado, enero 2

Cuento hindú

DOUCE, CUENTISTA
By Douce

Con el permiso de ustedes, hoy voy a contarle a mi papá un viejo cuento hindú, a ver si aprende la lección. Seguramente la historia la conocen, pero yo la contaré a mi manera, porque para que entienda bien las cosas , hay que saber explicárselas como yo lo hago. El cuento dice así.

-"Érase una vez, un cargador de agua que portaba dos vasijas en los extremos de un palo que colocaba sobre sus hombros. Tenía que hacerlo así porque entonces no había supermercados donde comprar botellas de Font Vella, Solares, Mondariz, Solán de Cabras y cosas de ésas. Él debía ir al arroyo a buscar el agua, pero tenía un problema, y gordo: una de las vasijas estaba agrietada y cuando llegaba a casa del patrón, la vasija rota sólo conservaba la mitad y claro, le pagaban la mitad. Así durante dos años.

Por supuesto la tinaja ‘perfecta’ estaba toda ufana y se burlaba de su compañera que estaba avergonzada y se sentía fatal porque solamente cumplía la mitad de lo que se suponía su obligación. Un día se lo dijo al aguador: “Mira, me gustaría pedirte perdón, me siento avergonzada, porque con mis grietas sólo puedes llevar la mitad de mi carga y así el patrón solamente te paga la mitad”

El aguador, que era como yo, un tipo comprensivo y que estaba encantado con su vasija agrietada le dijo cariñosamente para quitarle ese peso de encima: “Óyeme bien, cuando volvamos a casa te vas a fijar en el montón de flores que crecen en la parte del camino por donde tú pasas. ¡Ya verás qué preciosidad!”

Así lo hizo. Vio que el borde por donde ella pasaba estaba cuajado de flores y el otro lado más seco que un erial. Pero aún así, se seguía sintiendo mal, apenada. Fue entonces cuando el aguador, imaginen que soy yo, le dijo: “So tonta, (bueno, esto no se lo dijo, lo pongo yo). ¿No te has dado cuenta de que las flores sólo crecen por donde tú pasas? Yo lo sabía, y sembré semillas de flores que tú ibas regando cuando pasabas . Durante dos años he podido recoger flores para decorar el altar de mi maestro. Si no fuera por eso que tú consideras ‘defectos’, no hubiera sido posible crear esa belleza.”

Y colorín, colorado, aquí termina el cuento indio. Se lo he contado a mi papá a ver si ‘pillaba’ algo. A ver si se entera de una vez, ‘p’a que sirven los bujeros’. Espero que no tenga que explicárselo.

9 comentarios:

Campurriana dijo...

Pues los bujeros sirven para muchas cosas... (y no me piensen mal ustedes, eh?)

Bonita historia. Me ha gustado.
:)

Julio dijo...

Hola, Campu

Se entiende perfectamente lo que dices. Si a alguien le apetece pensar también en otras cosas, tampoco vamos a impedírselo.

Afortunadamente, estoy seguro, que los posibles visitantes de la isla, son bastante inteligentes como para apreciar también el sentido del humor.

(Es un valor añadido)

Es toda una suerte

Campurriana dijo...

Espero que sí, Náufrago.
:)

Preste Juan dijo...

Preciosa historia que no olvidaré. Aleccionadora.
Gracias.

lola dijo...

Estoy leyendo un libro que me ha regalado un amigo, y hace referencia precisamente a esta otra forma de ver las cosas.
Bonita historia Náufrago, gracias por compartirla.

Douce dijo...

Es todo un honor, que un personaje tan importante como el 'Preste Juan', visite esta isla.

Le damos la bienvenida y celebramos que le haya gustado la historia de la vasija agrietada y sus lecciones.

Un saludo, de parte de El Náufrago.

Julio dijo...

Lola,

Creo que es bueno y conveniente ver el lado bueno, incluso de aquello que nos parece negativo.

Siempre podemos sacar lecciones de nuestras 'grietas':-)

Provechosa lectura

Sylvia Otero dijo...

Mi papá siempre decía que los inconvenientes tienen ventajas y las ventajas tienen inconvenientes.

En tu cuento se da el primer caso en forma clara.

Me encantó. Eso viene muy bien para aquellos que pensamos que sólo tenemos bujeros.

Besos,

Douce dijo...

Hola, Sylvia

Tu padre tenía razón.De los incovenientes, podemos aprender mucho. Más que cuando el viento sopla a favor.

Tenemos que poner en circulación todos nuestros resortes. A veces más de los que creemos.

Lo pondremos en marcha en este año que comienza. Para eso estoy aquí, para contarle cuentos a mi papá, a ver si acaba de enterarse, el muy zote.