Apuntes y reflexiones de una tarde de domingo
EN HORAS 25
Una tarde de otoño. Un domingo de veinticinco horas. Apenas llega el ruido de la calle. Un cuaderno, revistas y periódicos, sobre la mesa o por los suelos. Lectura y pensamientos
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- Una breve aparición, un saludo con la mano y un esbozo de sonrisa. Suficiente para salir de tu ensimismamiento y sentir que no estás solo.
- Te mira, trata de que la acaricies. Te habla sin palabras. Mensajes elocuentes. Siempre estaré a tu lado. No te engañaré nunca. Sólo quiero que me quieras. Acaríciame.
- Lee una entrevista. Apenas saca nada en limpio. Las preguntas son tan previsibles que siempre tendrán la misma respuesta. Nunca obtendrás la verdad si no sabes preguntar.
- - “No me entiendes lo que te quiero decir”… Una pausa. Un mohín. Decepción…
- (Si supieras que hago todo lo posible por entenderte). Silencio. - Pregunta: “¿Realmente nos afectan las palabras?”
Respuesta: “Son necesarios cinco cumplidos para borrar las huellas perversas de un insulto”. - Antes de decir “Te equivocas de cabo a rabo, como siempre”, deberíamos pensarlo al menos dos veces.
- ¿Es cierto que en una sociedad sana, todo el mundo tiene derechos pero también obligaciones?
- ¿Por qué en las relaciones de pareja, la rutina, hace a veces que seamos tacaños en cumplidos?
- Los que tienen la manía de contradecir siempre al que está delante, no gozan de tiempo material para paliar el efecto perverso de su ánimo contradictor”
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