Una carta napoleónica
EL RUIDO DE LA CALLE

Es que la ideología sigue siendo una forma de odio y la libertad de expresión una licencia para poner a cada cual como hoja de perejil o como chupa de dómine, que según Camilo, es cómo se pusieron entre sí, en el Concilio de Toledo, San Elipando y el Beato de Liébana.

También los de Podemos amenazan en las redes y en los escraches y tampoco se libra Mariano Rajoy de la chupa. En sus paseos por las ciudades le dijeron mentiroso y ladrón. «Tictac: te queda poco», le gritaron recientemente en Palma de Mallorca. La turba inepta llama «pandilla de sinvergüenzas» a los que luego votan.
Nunca ha sido Felipe González santo de mi devoción, pero resulta raro que lo estén poniendo como chupa de dómine los que no quieren que Cataluña se vaya de España.
Que los secesionistas le machaquen tiene lógica, porque el ex ha escrito una carta de Estado, mayestática, contra el delirio ilegal de esa pandilla de guindas, pero que es del género tonto que lo injurien los constitucionalistas, dejándose llevar por el patriotismo de siglas. Cuando mi viejo amigo habla de napoleónico, no se refiere al bonapartismo de Napoleón el pequeño, sino al corso y a su sentido de la Historia. «Con su carta napoleónica apunta alto –me dice–. Está sentando las bases de la gran coalición en sintonía con Mariano Rajoy».
RAÚL DEL POZO
Comentarios