Toulouse-Lautrec: una azarosa vida
Hace hoy 150 años nacía el
mejor cronista del París bohemio de finales del XIX, el rey de Montmartre. Un
pequeño gran artista que murió, a los 37 años, de tanto beberse la vida.

Hace hoy 150 años nacía este maestro al que Google ha dedicado su popular Doodle en forma de homenaje. Sus primeros
pasos los dio en la localidad francesa de Albi en el seno de una familia aristócrata. Sus padres, el conde
Alphonse de Toulouse-Lautrec-Montfa
y Adèle Tapié de Celeyran, eran primos
hermanos. Una anomalía congénita impedía que sus huesos crecieran con
normalidad. A ello se sumarían dos fracturas en los fémures de ambas piernas entre 1878 y 1879.
Sus piernas dejaron de crecer.
En 1881 Toulouse-Lautrec se
traslada a París, dispuesto a triunfar como pintor: se forma en el estudio de
Léon Bonnat, primero, y en el de Ferdinand Cormon, más tarde. Allí
conocería a Vincent van Gogh. Fue Degas
el pintor que más le influiría –se
aprecia, por ejemplo, en su afición por retratar carreras de caballos–, pero nunca
le sedujo el impresionismo. El paisaje que más le interesaba era el de París la nuit. Otra de sus
grandes pasiones fue la
estampa japonesa, cuya huella
es muy evidente en su trabajo. Sus litografías
y carteles publicitarios son
los que más fama le dieron
Montmartre era una fiesta
Fue, desde 1884,
uno de los vecinos más célebres de un Montmartre
que hervía de creatividad... y de testosterona. Allí coincidieron muchos de los
grandes del arte, entre ellos Picasso.
En el Bateau-Lavoir nació
la pintura moderna, con «Las
señoritas de Aviñón». Los lugares de trabajo habituales de Toulouse-Lautrec
fueron el
Moulin Rouge –era uno de sus mejores clientes–, el Mirliton, el Moulin de la
Galette o Le Chat Noir, donde se movía como pez en el agua. Hizo muchos
carteles de estos locales para promocionar sus espectáculos. Conoció y retrató
a empresarios, cantantes, bailarinas, actrices,
vedettes... Una de sus modelos fue Yvette
Guilbert (con sus
inseparables guantes largos negros). En sus retratos la envejecía, la
deformaba. La actriz llegó a escribir al pintor: «¡Por amor de Dios, no me haga
tan atrozmente fea!».
La bailarina Jane Avril
También
posaron para él Jane Avril,
May Belfort, Louise Weber (artísticamente, La Goulue), Jacques Renaudin
(más conocido como Valentín
«el deshuesado»), Cha-U-Kao,
estrella del circo... Y Aristide
Bruant, cantante y dueño del Mirliton, al que retrató con capa y sombrero
negros y una bufanda roja al cuello en una de sus más célebres litografías. El
Mirliton fue uno de los locales más populares de Montmartre, donde
Toulouse-Lautrec llegó a exponer sus obras. Retrató también a Oscar Wilde, quien le
encargó que ilustrara el programa de mano del estreno en París de su obra de
teatro «Salomé».
Un museo en su honor
Toulouse-Lautrec era un habitual de los prostíbulos parisinos: las chicas que trabajaban en ellos solían posar para él mientras se bañaban, se vestían o desvestían. No tuvo suerte con las mujeres. Las amantes y prostitutas se sucedían en su vida. Una de ellas fue Suzanne Valadon, artista y modelo de buena parte de los artistas del Montmartre de la época.
Completamente alcoholizado –se refugiaba en la absenta para
olvidar sus sufrimientos– y, tras varios internamientos en clínicas a causa de
la sífilis, de sus neurosis e incluso de un intento de suicidio,
Toulouse-Lautrec murió
prematuramente, a los 37 años, en 1901. Su madre, la condesa Adèle de
Toulouse-Lautrec, quiso perpetuar la memoria de su hijo en su ciudad natal
dedicándole un museo con su nombre.
El 30 de julio de 1922 se inauguraba la Galería Toulouse-Lautrec
en el Palacio de la Berbie(siglo
XIII) de Albi, preciosa ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad. En 2012 reabrió sus puertas
completamente remozado este antiguo Palacio Episcopal, que atesora la colección
más importante de este artista en todo el mundo. Más de mil obras, entre
cuadros, litografías, dibujos y estudios preparatorios, carteles... El cine le
inmortalizó en varias ocasiones. La última, en el «Moulin Rouge», de Baz Luhrmann, donde un John Leguizamo en estado de gracia se metió en su
piel.
Henri Toulouse-Lautrec es el gran «cronista de su época» y el
creador del «reflejo vivo y moderno de la gran ciudad (París)». Así lo indica
Evelyn Benesch, comisaria de la gran retrospectiva del pintor, que puede
visitarse, hasta el 25 de enero, en el Kunstforum de Viena. Para celebrar los
150 años del nacimiento del pintor, Viena exhibe un conjunto de obras nunca
antes visto en Austria, cedidas por instituciones como el Museo
Toulouse-Lautrec de Albi, el Metropolitan de Nueva York, el Orsay de París, el Getty
de Los Ángeles y el Pushkin de Moscú, entre otros. La exposición, titulada «El
camino hacia el modernismo», muestra la diversidad de técnicas usadas por el
padre del cartel moderno y uno de los grandes renovadores del arte.
Comentarios
Eso creo...
Difícil entender nuestras vidas.
Buenas noches, Campu