domingo, abril 14

Una mañana en la bahía con Douce

DOUCE EXPLICA
Estaba yo pensando esta mañana durante mi descanso, cómo sería la vida del Náufrago sin mí. Y no es por pavonearme, o más bien ‘perronearme’ porque vamos a ver, si yo no estuviera, él no escogería tanto los sitios de paseo. Seguramente iría al primer sitio que le llevara el coche, o salir sin rumbo fijo. Como estoy yo, y no soy nada exigente, tiene que escoger lugares donde no haya mucho personal, ni pasear por calles y jardines, ni ir donde hay aglomeraciones, porque no estoy acostumbrada a ser perrito faldero. Me gusta sentirme libre y hacer lo que quiera, a mi modo. 

 Así, por ejemplo, ayer cogió el coche, salió de la ciudad y fuimos al otro lado de la bahía. En primer lugar por variar, porque no soy rutinaria, salvo cuando las circunstancias nos obligan. Aún así, tengo la ventaja de estar rodeada de parques, jardines y zonas verdes por donde puedo husmear y empleo este verbo porque es muy apropiado. Podríamos crear otro verbo pero no olearía bien. 

 Ya me he ido por los cerros que no hay. Ayer, mientras él disparaba con su cámara cualquier cosa, yo o quedaba en el coche, o bien disfrutábamos de terrenos amplios donde no había personal sino una marea muy baja llena de conchas de almejas, de ostras y algas… Es cierto que el terreno estaba blando y allí dejamos nuestras huellas. Sea como fuera fue un paseo guay aunque volviéramos con patas y zapatos embarrados. Sin mí, los paseos no tendrían tanto sabor y no es por vanagloriarme. Lo sabemos los dos.

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