Un Rincón para la Nostalgia
1. Siempre he rehusado secretamente que llegara este momento. Llegué a pensar que nunca se produciría, a sabiendas de que me esperaba tercamente. Quizá los casi 50 años de la brega, había hecho que creciera en mí el profesor, como una segunda piel. Ha tenido que ser la realidad, más terca aún que mi ilusión, la que me haya indicado que había llegado la hora, el día exacto de decir adiós. Aunque eso creo que no lo diré nunca del todo. Pasé sin solución de continuidad de ser enseñado a seguir aprendiendo de otro modo. Y eso que empecé la escuela apenas con tres años consecuencia de ser el mayor de una familia numerosa donde los que venían detrás, empujaban a los mayores a ir al colegio temprano. Puedo decir que casi la totalidad de mi vida ha transcurrido de una manera o de la otra en las aulas. Ahora que lo pienso, debería haber un premio, aunque sólo sea por el aguante para los raros ejemplares que sobreviven tras tal hazaña.
2.-Pero no reclamo premios para lo que se acepta de una manera bastante natural. Este retiro navega entre la aceptación y la nostalgia. Nostalgia al ver una vez más las caras de mis veintisiete primeros alumnos sentados o de pie en aquellos bancos, rodeándome. Los recuerdo con tal nitidez, 48 años después, como si fuera hoy, Reconozco perfectamente sus Ucaras sus nombres porque tuvieron el detalle de poner detrás de la foto. Carlos, Luis Alfonso, Gibaja, Víctor, Cantalejo, Fermín… que a siete años dibujaba diviertas con personajes expresivos, él tan comedido y tímido proyectaba sus sueños en aquellos personajes. Recuerdo la forma de ser de todos, sus habilidades, sus torpezas, como recuerdo las noches a las que hurtaba alguna hora al sueño
3.-Muchas cosas han cambiado desde aquellos primeros alumnos y los últimos de los que me despediré en breve. Hacer un repaso del tiempo transcurrido alargaría demasiado este adiós. Aunque la tarea de aprender enseñando no haya variado en lo esencial y siga, en gran parte, siendo lo misma, he de decir que hay muchas circunstancias que han hecho de esta profesión un ejercicio más trabajoso y más ingrato. De todos modos no puedo quejarme, las nuevas avalanchas no me han cogido de pleno, y aquel idioma que en otros tiempos era opción mayoritaria, fue lentamente dejando su lugar al nuevo idioma del Imperio. Le cedió el paso y se convirtió en la elección de unos pocos, guiados en general por el gusto y el interés, lo que ha hecho que me sienta, como creo que el resto de colegas que lloramos junto a los ríos de Babilonia, unos profesores privilegiados. Es la hora de la verdad, y creo que no exagero al subrayarlo.
4.-Puedo decir que estos últimos años, en particular los dos últimos, se encuentran entre los más gratificantes de este largo periplo. Gracias a ellos y quizá porque también yo me haya quitado la careta de profesor y me haya acercado más a ellos. Decidí, y ellos me lo han permitido, hacer desaparecer esa barrera entre profesor y alumno. logré desproveerme de esa coraza que a veces las circunstancias nos obligan a ponemos si no queremos perecer en la batalla. Soy consciente de que en algunos casos se hacen necesaria cierta protección en esta lucha de trincheras en que se ha convertido a veces la torea de enseñar al que no quiere. Se corren demasiado buenos tiempos para la lírica pedagógica.
5.- Pero no es este el tono que quisiera sonara con más fuerza en esta despedida, entre otras cosas, porque no lo siento así. Quizá sea un empedernido optimista en este aspecto, como soy pesimista en otras muchas cosas. Puede ser que la vida tiene cierta terquedaz para imponerse por mucho que deseemos que fuera de otra manera. No quiero idealizar, como se suele hacer en estos momentos, la hermosa y dura labor que ejercemos, pero tampoco romper en llantos y lamentos que no conducen a ninguna solución de un complejo problema, que ni a la sociedad, ni a las autoridades competentes, ni a los más directamente implicados, padres y alumnos, parecen interesarles. Una vez más la "no-solución', los parches, los logros dependerá de nosotros y de los audaces que sigue habiendo, que intentan renovarse y tiran de este carro.
6.- Una última voluntad. sin que esto pretenda ser ningún testamento, sino tan sólo un testimonio de agradecimiento a los que me han querido, con los que he convivido y también, por qué no decirlo, me han soportado. La proteción de mi timidez ha hecho que no me haya acercado ni dejado ver por todos, pero mi aprecio es general, aunque las relaciones hayan sido distintos tonos.

Publicado por Douce en 12/05/2006 08:04:00 p.m
Comentarios
Pero Nau, ¿timidez? Has debido perderla en el camino, o debes sacarla a pasear con Berta, pues no la vi.
Como alumna, también recuerdo con cariño a mi profesora de francés en el instituto.
No fui tímido con los alumnos, pero sí como amigos. Empecé con niños jóvenes, más tarde los colegios y en algunas universidades de ayudante al terminar la carrera de la Universidad de Salamanca.
Más tarde, Douce y Berta han sido mis maestras: son ellas las que me han enseñado a vivir desde el primer día. Berta, ahora, me enseña a vivir, lo hizo desde el primer día. Celebramos que tu profesora supo lo que ahora también te habla.
Esperemos que suene bien la flauta.
Bonsoir!