¿Y si hablamos de Raqueros...?
AÚN LOS HAY
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Los Raqueros |
Lo que acabamos de contar, viajeros, no es una leyenda. Los raqueros,
de hecho, existieron, y llevaron a cabo esta curiosa tarea durante el
siglo XIX y principios del XX. Esta actividad, que empezó como una
manera de salir adelante para los niños de clase más humilde, se llegó
incluso a convertir en una atracción para los habitantes de la zona y
visitantes que, al encontrarse con los raqueros, solían tirar monedas al
agua a la espera de que estos, que se tiraban desnudos o semidesnudos, las sacaran buceando.
Los Raqueros de la Bahía from Miss Douce
HISTORIAS DE RAQUEROS
HISTORIAS DE RAQUEROS
Por el muelle santanderino en compañía de Pereda:
«La mar estaba serena, en pleamar viva, y daba gozo mirar en la escarpa del malecón el agua verde y profunda.Multitud de pilletes, desnudándose en las piedras más avanzadas de la escollera, se arrojaban al agua como Dios les echó al mundo; se veían luego sus cabezas, sus mofletes hinchados de soplar, y los cuatro remos en constante brega con el agua.
Algunos salían tiritando y pasaban mil fatigas para enfundarse la camisa; otros, ya medio vestidos, se volvían a desnudar, por estímulos y competencias entre ellos, y si reñían por la palma de la habilidad natatoria, se pegaban, al vestirse, porque uno se había puesto los mojados calzones del otro».
Comentarios
:)
Es cierto que las gentes de esta ciudad sienten simpatía y cierta nostalgia por estos personajes. Desde que el escultor Cobo Calderón inauguró el monumento que se les dedica, también les llama la atención a los forasteros.
Personalmente no me canso de mirarlo y los he fotografiado decenas de veces:-)
Se lo diré a esos raquerillos ... Los veo casi todos los días.
"Por el muelle santanderino en compañía de Pereda:
«La mar estaba serena, en pleamar viva, y daba gozo mirar en la escarpa del malecón el agua verde y profunda.Multitud de pilletes, desnudándose en las piedras más avanzadas de la escollera, se arrojaban al agua como Dios les echó al mundo; se veían luego sus cabezas, sus mofletes hinchados de soplar, y los cuatro remos en constante brega con el agua.
Algunos salían tiritando y pasaban mil fatigas para enfundarse la camisa; otros, ya medio vestidos, se volvían a desnudar, por estímulos y competencias entre ellos, y si reñían por la palma de la habilidad natatoria, se pegaban, al vestirse, porque uno se había puesto los mojados calzones del otro».
(Ya que no escribo ahora con todo esto que nos rodea, me empaparé de algo que me llene más de otras sensaciones)
Buena semana, si es posible ('Más'NO)