martes, marzo 10

Por favor, hablad.


"¿Cómo superar el dolor que nos causan problemas ? ¿Cómo recuperar nuestro equilibrio mental y las facultades que tenemos para enfrentarnos a las adversidades, sin perder nuestro entusiasmo ni distorsionar nuestra percepción del mundo y de la vida?

Todos los seres humanos utilizamos mecanismos de defensa con el fin de excluir de la conciencia y enterrar en el olvido experiencias dolorosas. Al ocultar cómo nos sentimos, nos distanciamos física y emocionalmente de los demás, precisamente cuando más necesitamos de contacto, apoyo, aliento y consuelo. Lo que es peor, la persistencia de estos síntomas -que en un principio son normales- durante más de cuatro o cinco semanas, y la incapacidad de integrar poco a poco la experiencia estremecedora con el resto de nuestra autobiografía, es una señal de peligro, de que la herida emocional se agrave o se haga crónica.

Hablar con los demás y escuchar hablar a otros es una actividad humana fundamental. Gracias a la palabra, ningún ser humano es una isla. Sus vínculos con las imágenes y las emociones nos permiten no sólo liberarnos de escenas y temores que nos turban, sino también compartir nuestro estado de ánimo, aclarar situaciones confusas y recibir e infundir seguridad, compasión, confianza y consuelo. Las personas que hablan, escuchan y se sienten parte de un grupo solidario superan los infortunios mucho mejor que quienes se encuentran aislados.

Evocar, ordenar y relatar, en un ambiente comprensivo y seguro, los acontecimientos vividos y los sentimientos de incertidumbre e indefensión, pese a que pueda provocar ansiedad y tristeza, permite transformar poco a poco las memorias de escenas escabrosas, de sensaciones de terror y de emociones confusas, en recuerdos coherentes y manejables. Un fragmento doloroso de nuestra vida puede incorporarse así al resto de nuestra biografía, al flujo total de nuestra existencia.

 Por otra parte, la comunicación con otros afectados estimula, además, el sentimiento de universalidad - "esto no me pasa sólo a mí"- y abre también perspectivas comparativas ventajosas, como las de "podía haber sido mucho peor" o "por lo menos estoy vivo". Estas valoraciones relativas nos ayudan a aliviar la angustia que generan las desgracias colectivas.

Al describir las imágenes y los sentimientos que nos abruman, reducimos su intensidad emocional y minimizamos la posibilidad de que se enquisten y provoquen la disociación de nuestra personalidad, el debilitamiento de nuestro sistema inmunológico o, incluso, una larga dolencia mental. Cuantas más veces narramos los sucesos y las emociones que nos perturban, más fuerza pierden y menos posibilidades tienen de perjudicarnos a largo plazo.

Hablar en alto o conversar también nos ayuda a entender e interpretar las cosas que nos afectan. Los seres humanos no toleramos la falta de explicaciones. Por eso, ante las atrocidades todos buscamos ansiosamente explicaciones que den sentido a los hechos, que llenen ese amargo vacío de incomprensión que crea en nosotros el sufrimiento de criaturas inocentes y el ensañamiento de sus verdugos. Con el tiempo y la repetición, las personas reciclamos las experiencias devastadoras hasta convertirlas en una historia comprensible para uno mismo y para los demás. Un relato que suele tener una perspectiva menos personal, más amplia."


Luis Rojas Marcos es profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York. 

6 comentarios:

María dijo...

jaja me alegro que me recuerdes lo que no he parado de hacer desde que aprendí a hablar... así mi constante parloteo no me hará sentir rara ni culpable jaja.. me pregunto si un día un psiquiatra nos tendrá que decirnos todo serio y circunspecto Srs, recuerden respirar ... y tampoco se olviden de colocar un pie delante de otro para caminar ... ;))

Muchos besos JULIO y familia de la isla.

Douce y el Náufrago dijo...

...Me da la impresión que no tengo que recordártelo:-) Supongo que tanto en tu trabajo, como en diferentes lugares, naciste para hablar y ex-presarte… Ya lo dice la palabra es mejor que ‘salga’ y no se enquiste. También es verdad que algunos se pasan. No es caso.

El servidor habló mucho durante cincuenta años y no le fue mal. Ahora no habla tanto y no es bueno.

Escribir también es válido y necesario, debemos expresarnos aunque no salgan a la plaza.

Menos mal que Berta y Nau se hablan y es muy sano.

Ahí os enviamos nuestras palabras de muchas gracias, María.

Campurriana Campu dijo...

Sin duda pero ¡ojo! hay que saber a quien contarle las cosas.

Buen día, Nau.

Douce y el Náufrago dijo...

Por cierto,uno sabe o lo debe saber bien a quién se cuentan sus problemas.

Lo que ocurre es que en el texto de Luis Rojas seleccioné lo que me interesaba. En esa página hablaba del 17 de septiembre en New York.

Abriendo hoy el ordenador vi un lazo de luto. Tardé un poco, o algo más que poco... entender lo de la cinta negra. Luego me acordé lo ocurrido aquel 11 de marzo de 2004 con 10 explosiones casi simultáneas en cuatro trenes en hora punta de la mañana (entre las 07:36 y las 07:40). Tristemente he mirado 10 portadas de periódicos y en ninguno he visto aquella lista de 190 muertos.

Espero que dejemos los relojes de Apple para ver las horas y los días.

Gracias Campu






Campurriana Campu dijo...

Es ese mundo líquido, Nau. Ya sabes...
Hasta lo importante deja de tener importancia.
¡Triste!

Douce y el Náufrago dijo...

Es muy cierto que de este mundo líquido puedan salir otros 'seres':-) Me llamó la atención que en las portadas de los principales periódicos nacionales no señalaran el aniversario de 11M.

No sé si en las hojas de interior o en otros medios se ocuparon más de la fecha y sus recuerdos.Lo espero y lo deseo que nos lo recuerden.

Boas noites.