UN DÍA DESPUÉS…
De vez en cuando, vanidad o necesidad de compañía, o ambas cosas, miro el contador de visitas del blog. No es que pretenda que se llene de comentarios. Me abrumaría y no podría contestar a todos, porque aunque me gustan las visitas, es cierto que también necesito cierta soledad. Pero yendo a lo que íbamos, ayer pensé que el enlace de las estadísticas, de repente, se había vuelto loco. Llegó a medir más de mil páginas leídas. Luego pensé cuál era la causa: no era el Náufrago a quien visitaban, sino a Mario Benedetti. Seguramente Don Google, les había traído hasta la isla. Me alegro por él y también por mí, si a ese pequeño homenaje, se habían unido personas desconocidas de variados países.
Hoy me he entretenido en leer varios obituarios o testimonios que hablaban de él en periódicos de su país y también españoles. El resumen lo hace muy bien
Cristina Peri Rossi, su compatriota, que titula su artículo de “El Mundo”
“Queremos tanto a Mario”. Su necrológica me ha parecido sentida y equilibrada. No habla tanto de ‘literatura’ y de arte poética sino de afectos y no cabe duda, que ideas artísticas y políticas aparte, Mario era querido desde gobernantes, músicos, cantantes, hasta jóvenes, viejos, gente sencilla.
En una parte de su artículo escribía: “Es posible admirar a Jorge Luis Borges o a Juan Carlos Onetti, pero querer, querer, los lectores (hombres y mujeres) quieren más a Julio Cortázar y a Mario Benedetti, siendo dos escritores muy diferentes. Julio se hacía cómplice del lector, los lectores se sienten cómplices de Mario Benedetti”. Benedetti atraía por su arte, pero ante todo atraía por su hombría, su manera de ser, sus nostalgias sus esperanzas, su modestia, su generosidad y su falta de presunción. “Esa especie de tristeza inconfundiblemente montevideana, una nostalgia imprecisa, como la de la poesía y un sentido del humor casi siempre negro, salpicado de ternurismo”, añadía la escritora uruguaya.
Entre ‘entendidos’ y gente de la calle, el Náufrago se queda con los segundos. El diario
“El País” (uruguayo) recoge una anécdota sobre esta atracción emocional que el poeta, provocaba y lo siguiente: “Una chica colombiana, envuelta en una bandera de su país, dejó como ofrenda una carta junto al féretro. El texto decía: -
"Ahora Mario ya sé que crees en Dios… porque había domingos que Dios había reservado para el mejor. Y porque sabías que la muerte es un pobre niño viejo que se parece a Dios. Con amor, Vilma de Colombia".NO TOCABAFrente a este testimonio espontáneo, encuentro un poco fuera de lugar la precisión de Gamoneda que ayer, mientras promocionaba su libro publicado por el Círculo de lectores, a la pregunta del periodista:-
“ Qué opinión le merece la obra de Benedetti?", respondió, tras una pausa, -
“Era un hombre necesario en terreno del pensamiento social y en el de la honradez… Aunque yo no comparto su ámbito poético... y apuntillaba:
“La palabra meramente informativa se puede encontrar en las columnas de los periódicos, en televisión y hasta en los púlpitos, pero la poesía para mí es otra cosa”El Náufrago no se va a poner a discutir con un ‘maestro del pensamiento poético’ sobre el valor estético de la poesía de Benedetti. El Náufrago ni es esteta, ni es crítico, ni sabe decir qué es realmente ‘Poesía’, es un simple sentidor, a veces sensiblero, otras, a secas, sensible. Eso sólo le permite decir :
leyendo este poema siento algo, me emociono, lo entiendo, me siento triste, alegre, amoroso, espoleado, nostálgico, soñador, dolorido, entusiasmado, pensativo…Además estábamos hablando de un hombre que nos ha dicho adiós, al que con sentimiento despedimos… No era el momento de dar una lección de poesía.