miércoles, noviembre 30

Tómemoslo con humor

En estos tiempos de crispación, no está mal que el sentido del humor rompa un poco las barreras tras de las cuales cada uno nos parapetamos.

Transcribo aquí un mensaje que me ha llegado, cuando aún siento un poquito el 0-3 del pasado día 19.
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"Missatge per enviar a colegues de la resta d'Espanya:"
Queridos amigos,

Ya no es necesario que hagais boicot al cava catalán.
NOS LO HEMOS BEBIDO TODO, entre el sábado 19 y el domingo 20/11/05
.

R. MADRID 0 - BARÇA 3.

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De las clases y los días

A veces , cuando uno piensa, recapacita, – y uno recapacita bastante – se sorprende con algunas sensaciones que no esperaba, hasta sentirlas. Este año estoy bastante contento con el ambiente que los propios alumnos y yo hemos creado en nuestras clases. Al principio, me sentía más receloso, porque me había alejado durante un par de años de esos cursos que cada vez apetecen menos a los profesores, actualmente. Me refiero a los grupos de 4º y 3º de la ESO, porque están en una edad especial, y algunos en muy particulares situaciones educativas. Ahí están, un poco aparcados algunos alumnos, que se ven obligados a estirar su etapa educativa, pero que no tienen ya ninguna voluntad de trabajar, por muchas “diversificaciones” y “adaptaciones curriculares” que se les ofrezcan.

Afortunadamente, en general, los que escogen un segundo idioma , frente a otras asignaturas optativas, sin un fundamentado contenido, son alumnos interesados y que aún tienen alguna voluntad de aprender. Por estas circunstancias, y por el azar que a veces forma los grupos, tengo dos clases en las que el trabajo no se hace particularmente duro y difícil, no exige demasiada tensión para tenerlos ocupados e interesados, a poco que te esfuerces por hacer la materia“digerible”.

Pero lo que me ha ocurrido esta mañana es una sensación especial. El grupo de 3º está formado por un número casi igual de chicos y de chicas. Los muchachos de este curso, aunque hagan otros alardes, están menos preparados que las chicas, que son más vivas, más interesadas y si simplificáramos un poco, más listas. Hoy, la gripe, había podido con dos de ellas, casi las más espabiladas y despiertas de la clase . Da la casualidad que una de ellas transmite también emocionalmente , por su sencillez, su naturalidad, su interés y su poder comunicativo, unas sensaciones particularmente agradables que hace aún más fácil y ligera la tarea educativa.

Hoy hemos trabajado igual, y han trabajado bastante bien, quizá ellos no lo hayan notado, pero yo si he echado de menos a las dos ausentes, he sentido la clase un poco más “fría”.

martes, noviembre 29

A Brazileira


Me he enterado por el periódico que en estos días se celebra el centenario del célebre café “A Brazileira”, el sitio preferido de aquel creador de heterónimos en los que se desdoblaba Fernando Pessoa. Seguramente una extraña afinidad me llevó aquel verano, hace ya algunos años, a su querido Chiado, donde se encuentra este personalísimo café, lugar de reunión de estudiantes, artistas, escritores, y en épocas de turismo, viajeros de todas las partes.

Y allí sigue él, fiel tertuliano, broncíneamente sentado, y al lado una silla, para conversar con él de cualquier cosa: “Pouco me importa... o qué? Nao sei. Pouco me importa.” A su lado me senté un rato mientras la gente iba y venía, pero no quiso revelarme su desasosiego. Sólo me dijo en voz baja estos versos:

NO QUIERO ROSAS
No quiero rosas, con tal que haya rosas.
Las quiero sólo cuando no las pueda haber.
¿Qué voy a hacer con las cosas
que cualquier mano puede coger?

No quiero la noche sino cuando la aurora
la hizo diluirse en oro y azul.
Lo que mi alma ignora
eso es lo que quiero poseer.

¿Para qué?... Si lo supiese, no haría
versos para decir que aún no lo sé.
Tengo el alma pobre y fría...
Ah, ¿con qué limosna la calentaré?...

lunes, noviembre 28

Vendrán Olas

Hoy, durante la siesta, he estado escuchando un disco al que acudo de vez en cuando, porque desde el primer día que lo oí logró hacerme sentir algo especial por dentro. La idea original surgió de la "Fundación Salamanca Ciudad de Cultura", un organismo que nació tras su declaración de "Ciudad Europea de la Cultura, 2002".

El CD "Palabras pautadas", recoge un total de 14 temas de distintos cantautores, vinculados por nacimiento o proximidad afectiva a la capital charra.

Entre este grupo de creadores e interprétes están: Nino Sánchez, Ainara Legardón, Andrés Sudón , Juan Mari Montes... Algunos, muy conocidos en determinados ambientes musicales, aunque no hayan llegado al público de los "Taytantos principales".

Hoy recojo una canción de Juan Mari Montes, cuya letra y música me gustan particularmente:

VENDRÁN OLAS ("Sentidos prohibidos")

Vendrán olas para borrar nuestras huellas
o devolviendo la botella de un naufragio,
lentas olas acunando un mar en calma,
crueles olas azotando cualquier barco.

Vendrán olas que me doblen la estatura
o se humillen con su sal bajo tus plantas,
olas blancas que rompen contra las rocas,
olas negras que mataron esperanzas.

Y yo seguiré aquí
si es que no tienes otros planes,
y yo seguiré aquí
besando siempre tu piel marina,
cargado con lo que deje
en mis manos el oleaje,
curando lo que te duele
reclamando tus caricias.


Vendrán olas donde descansó la luna
o derribando las almenas de los niños,
olas frías como hojas de navaja,
tibias olas lamiendo nuestros tobillos.

Vendrán olas descifrando el nuevo siglo,
olas ciertas que antes fueron sólo nubes,
vendrán olas persiguiendo nuestros sueños,
nuevas olas apagando viejas lumbres.

Y yo seguiré aquí
si es que no tienes otros planes,
y yo seguiré aquí
besando siempre tu piel marina,
cargado con lo que deje
en mis manos el oleaje,
curando lo que te duele
reclamando tus caricias


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http://www.salamancaciudaddecultura.org/

domingo, noviembre 27

¿A alguién le interesa un buen negocio?

Últimamente la gente se ha empeñado en hacerme rico, cuando yo no tengo el más mínimo interés en serlo. Soy lo suficientemente pobre, como para no tener ganas de hacer el esfuerzo de ser rico. Falta de ambición, dirán, seguro; pereza, es muy probable, siempre me costó hacer el esfuerzo que se necesita para hacerse millonario.

Pero , aunque perezoso,holgazán y poco ambicioso, soy generoso, y cedo a quien quiera hacerse rico con poco esfuerzo. Para ello, con la ayuda de un diccionario electrónico, he traducido este mensaje que he recibido a través de Internet y que reza así:

" ¡Hola!,

Por favor tenga paciencia conmigo por ahora, y no pregunte mi nombre. Lo que tengo que proponerle puede ser de interés para usted. Se trata una oferta de negocio que será beneficiosa para usted y para mí.

Vivo en Shanghai, China, pero soy coreano. Tengo 49 años y he estado trabajando en un banco en China durante los últimos 19 años, donde soy en este momento responsable de cuentas. Le daré más detalles cuando reciba su respuesta a esta carta. Mi objetivo al ponerme en contacto con usted ,es solicitar su cooperación y ayuda basado en una de las cuentas bajo mi dirección: $12million (doce millones de dólares) que ha permanecido inactiva durante los últimos trece años . Esta cuenta perteneció a la desaparecida señora Jasmine Juanita Castella y a través de mi investigación, averigüé que ella murió en mayo de 1992 , en un accidente de coche en las Bahamas , ella no tenía niños ni dejó familia a quien asignar los fondos que esta cuenta contiene.

Le informaré más sobre cómo podemos conseguir el dinero transferido a su cuenta si usted está de acuerdo en cooperar conmigo sobre esto. Espero su respuesta a este correo."


No dirán que no se lo pongo fácil.Por si necesitan más datos , me he molestado también en averiguar la dirección de este amable chino-coreano.

Ahí va: cwh24122007@hotmail.com

Sólo les pido que me inviten a una caña y a una ración de Jabugo, cuando se embolsen los millones de dólares que les toquen.

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Como verán, la Fortuna sigue llamando a mi puerta, y yo persisto en no hacerle caso. No obstante quiero seguir brindándoles la ocasión de hacerse millonarios, ya que sigue habiendo gente generosa en este mundo, tomando ejemplo de La Caixa. Tengo la impresión que estamos llegando, ¡ por fin !, al Mundo Feliz de Huxley.

Será la última vez que les ofrezco la oportunidad de hacerse ricos. No habrá una tercera, se lo advierto. Esta vez no me he tomado la molestia de traducir la carta, y la he dejado en su idioma original.

From: c. d. dixon
Vizcaya-spain
tel: 0034 940 466 139
fax: 0034 940 466 138


Dear sir,

Please permit me to introduce myself to you. my name is Christopher Dean Dixon, I am from Swaziland in Africa, just a little island in the coast of Africa.
presently, I am in Vizcaya-Spain, searching and looking for an investor, a life time investor. My uncle from my maternal side who is a retired general, has 7,500,000.00(seven million five hundred thousand united states dollars), which he wants to invest into any profitable venture in your country or company, and also want to invest into real estate e.g. buying of houses, hotel and resort management.
presently he is sick, he has stroke which has completely incapacitated and handicapped him, and has made him unable to walk. He has visited various specialist hospitals both home and abroad without success or any sign of improvement, his condition keep getting worst everyday. He has decided to take it as his faith and stay back in his country home in Swaziland under medical attention.

Final, if you are interested you can contact me through the above telephone and fax numbers of the apartment I am living in Vizcaya-Spain, I or my wife will pick up the phone. But you can equally reach me on my cell phone no: 00 34 680 842 728.
thank in anticipation for your co-operation.


Yours faithfully,
C. D. Dixon.

direct phone: 00 34 680 842 728

VIVIR / HACER

Buscando el texto exacto del amigo que he citado anteriormente, me he encontrado un bello texto de Marco Aurelio titulado “ Pensamientos para mí mismo”, lo he encontrado en francés y, por el momento, no voy a tratar de traducirlo, porque tal como está, me parece muy bello.

La frase de mi amigo que yo buscaba decía algo así como “ Las naturalezas felices están hechas para vivir, las infelices están hechas para hacer”, es decir tratar de “escribir” , tratar de describir o camuflar con palabras su propia incapacidad de vivir, de eso que se llama disfrutar sencillamente de la vida. Así, la mayoría de “creadores”, poetas, músicos, pintores ... no han hecho más que expresar a través del arte su inadaptación a la vida.

Y no me olvidado del texto del Emperador filósofo. Helo aquí:

0 mon âme, quand sauras-tu donc enfin être bonne, simple, parfaitement une, toujours prête à te montrer à nu, plus facile à voir que le corps matériel qui t'enveloppe ? Quand pourras-tu goûter pleinement la joie d'aimer et de chérir toutes choses ? Quand seras-tu remplie uniquement de toi-même, dans une indépendance absolue, sans aucun regret, sans aucun désir, sans la moindre nécessité d'un être quelconque vivant ou privé de vie, pour les jouissances que tu recherches ; sans avoir besoin, ni du temps pour prolonger tes plaisirs, ni de l'espace, ni du lieu, ni de la sérénité des doux climats, ni même de la concorde des humains ? Quand seras-tu satisfaite de ta condition présente, contente de tous tes biens présents, persuadée que tu as tout ce que tu dois avoir, que tout est bien en ce qui te touche, que tout te vient des Dieux, que, dans l'avenir qui t'attend, tout sera également bien pour toi de ce qu'ils décideront dans leurs décrets, et de ce qu'ils voudront faire pour la conservation de l'être parfait, bon, juste, beau, qui a tout produit, renferme tout, enserré et comprend toutes les choses, lesquelles ne se dissolvent que pour en former de nouvelles pareilles aux premières ? Quand seras-tu donc telle, ô mon âme, que tu puisses vivre enfin dans la cité des Dieux et des hommes, de manière à ne leur jamais adresser une plainte, et à n'avoir jamais non plus besoin de leur pardon ?

Réussir... être réussi

Parafraseando una frase de Nietzsche, un buen amigo mío, decía: “ Je ne permets qu’à ceux qui sont réussis de philosopher sur la vie”, y añadía él : « Je ne dis pas ceux qui ont réussi, mais : ceux qui sont réussis ».

Y dejo estas frases en francés , no por cursilería, sino porque me resulta difícil traducir, en un solo verbo, el “sont réussis”. “Réussir”, tener éxito, triunfar en la vida lo logra bastante gente que puede ser mediocre, hábil, ambicioso, sin escrúpulos, y montar así una empresa de éxito comercial, vender discos , libros , cocacolas, o gobernar un país durante más de 40 años, si es que a eso se le puede llamar “éxito”. Pero aquellos qui “sont réussis”, puede ser gente modesta , anónima, que se han vencido de cierta manera a sí mismos, que han superado las dificultades que les ha presentado la vida: pobreza, enfermedad, ignorancia, o dificultades interiores como puede ser una educación escasa, las tonterías o sus propias neurosis. Éstos, sí que pueden saber de la vida y pueden dar lecciones , aunque normalmente no lo pretendan. Basta con verles , oírles hablar, para ver que han logrado ser en gran medida ellos mismos, por lo que son capaces de escuchar y entender a los demás y, sin pretender dar consejos, ayudarles aprender a vivir.

miércoles, noviembre 23

Carta de Mr. Ellis a Andrés

Ayer, Andrés, recibió una carta inesperada de Mr. Ellis. Decía así:

Estimado Sr. Andrés

Leyendo sus "viajes" nocturnos , me ha parecido oportuno enviarle unas reflexiones mías, por si le pueden servir de ayuda en su itinerario.

La via irracional que usted tiene es la necesidad-pertubadora, o el hecho de ser un devoto de la "tiranía de los debo". Usted es fundamentalmente quien provoca su sufrimiento innecesario y enfermizo manteniendo firmemente creencias irracionales absolutistas, en especial creyendo con rigidez los "tendría que, debería y tengo que" incodicionales.

¿Cómo adquiere o inventa usted sus tengo que destructivos?
¡Con mucha facilidad!

Como ser humano usted es, y ha sido, ante todo influenciable, crédulo, ante las imposiciones paternas y culturales. Y lo que es aún peor, tiene su propio ingenio para inventar normas y reglas que cree rígidamente y que tanto usted como los demás deben seguir.

Usted ,como prácticamente todos los seres humanos, tiene una capacidad innata para razonar y resolver problemas. Pero también es un maestro en racionalización, autoengaño e intolerancia.

Tiene pensamientos correctos y pensamientos disfuncionales.De hecho, está lo suficientemente cuerdo como para mantenerse con vida y feliz, y lo suficientemente loco como para ser muy irracional, ilógico e inconsciente. Piensa tontamente con tal facilidad que sus pensamientos suelen traerle problemas emocionales.

La historia de la humanidad lo muestra claramente.

Espero que estas reflexiones mías le ayuden a no ser tan severo consigo mismo y acepte con más naturalidad , más humanamente diría, sus propias limitaciones sin por eso hacer de todo algo catastrófico y terrible.

Se despide cordialmente,

Albert ELLIS

sábado, noviembre 19

La X

Mi barrio, surgió allá por lo primeros 70 con ocasión del boom de la construcción. No es que tenga una personalidad definida en cuanto a edificaciones y residentes se refiere. ¿Pero cuántos barrios, sobre todo modernos, tienen una personalidad propia?. Aquí, junto a edificios de 13 y 14 pisos, conviven otros de 4 o 5 alturas, sin saber si fueron los diseñadores, si es que los hubo, o fue sólo un capricho interesado de constructores y ediles los que hicieron tal trazado. El conjunto está formado por distintas zonas , se diría reservadas a distintos tipos de vecinos de diferentes estratos sociales, que van desde profesionales , funcionarios de tipo medio, trabajadores, hasta un pequeño gueto de etnia gitana, según la denominación políticamente correcta. Una de sus arterias principales, por esos caprichos o incoherencias municipales, soporta una densidad circulatoria que la hace particularmente ruidosa. Pero en medio de todo esto, dispone de una amplia superficie de zonas verdes que la hacen realmente saludable.

Pero en realidad yo no quería hablar de mi barrio en el que me encuentro razonablemente bien. Les quería contar una simple anécdota que me ocurrió ayer, cuando regresaba a casa con mi perra , después de haber hecho unas pequeñas compras. Sucedió, que al pasar por delante de la carnicería que hace esquina, frente a mi casa, una niña de unos 5 ó 6 años, dijo entusiasmada a su madre:

-¡ Mira, mamá, la X!

Para ella era todo un acontecimiento. Seguramente regresaba del colegio y su maestra le había enseñado las letras del alfabeto. Ese jeroglífico de letras y palabras para la pequeña todavía indescifrable, misterioso y mágico , empezaba a hacérsele inteligible. Quizá todavía no era capaz de leer aquel cartel que mi amigo Movellán, el carnicero, había puesto en el escaparate: “Jamón serrano , eXtra”. La niña de momento sólo se había fijado en un signo, la X. Quizá no entendía aún todo el texto, pero estaba entusiasmada porque ya había dado un paso muy importante. Empezaba a desentrañar los misterios de la escritura.

Esta pequeña anécdota me hizo pensar en el complejo entramado que somos nosotros mismos y que a veces nos resulta difícil desmenuzar y entender. Estamos hechos de un amasijo de sentimientos, realidades , emociones, que en situaciones concretas, nos vemos incapaces de entender , ordenar y leer el significado de nuestra auténtica realidad. Simplemente no nos conocemos, o no nos conocemos realmente del todo. Y de pronto descubrimos la X. Pero aún somos incapaces de relacionarla con los demás elementos y no acertamos a “leernos” del todo. Quizás si logramos juntar la e con la X, con la t, la r y la a, será algo EXTRA-ordinario.

jueves, noviembre 17

TARJETAS DE ORO

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Últimamente ando algo bajo de eso que los entendidos, y los no entendidos, también, llaman autoestima, por no decir claramente “estoy un poco jodido”. Sin embargo he observado que hay gente realmente preocupada por levantarme... el ánimo y eso hace que me reconcilie de nuevo con la vida, con la humanidad, hasta con los vecinos del 1º derecha. Sí, porque aunque digan que el mundo es cruel, una especie de selva donde unos se fagocitan a otros, que hay gente que para trepar no tiene reparo en pisar a un amigo con tal de seguir subiendo, no es cierto. Sigue habiendo gente altruista que se preocupa por el prójimo y por el que no está tan próximo.

Hoy mismo , en mi buzón, he recibido tres muestras de que todavía hay gente que me quiere, personas que no conozco , saben de mis necesidades y hacen lo posible por facilitarme la vida y hacérmela agradable. Así , al abrir el primer sobre me encuentro con esta bienvenida : “Usted se merece nuestra Visa ORO” (oro, bien grande y con letras doradas). De repente subió varios enteros mi autoestima. Yo no era ningún paria, ningún oscuro funcionario, sin crédito ninguno. Estos señores que casi no me conocen, confían en mí , me dan crédito por si me apetece hacer un viaje a las Bahamas o a Cancún, puedo pasarme unas noches de ensueño en el Gore de Londres, en el Ritz de Paris, o en el Dream Hotel de nueva York.

Y no piensen que paran ahí las cosas. Fíjense en todas las ventajas que esta áurea tarjeta me ofrece: ni una mísera cuota de por vida, nada de molestarme en cambiar de banco, todo tipo de seguros, 56 días libres de intereses, servicio gratuito de teléfono... Y si por si fuera poco, (esta frase me recuerda a los charlatanes de feria cuyas artes mercantiles yo admiraba de pequeño, porque me parecía tonta toda aquella gente que les escuchaban, absortos, y luego no le compraban ninguno de aquellos artilugios maravillosos, con todo lo que regalaban)... pues eso “por si fuera poco”, estos señores que son más serios, aunque con menos gracia que los parlanchines, me regalan un maravilloso CD portátil, para oír toda la música del mundo. Y aquí no termina la cosa. Es razonable, piensan, que yo siga indeciso, que me pregunte:” Si ya tengo una tarjeta, por qué necesito otra?” (elemental, Dear Watson) . Entonces te sueltan, gratis también, un argumento irrebatible: “ Muy sencillo. Por lo mismo que , por ejemplo, teniendo ya un coche usted decide cambiarlo por otro, porque quiere mejorar para disfrutar de más prestaciones , más fiabilidad, más garantías...” Y, tonto de mí, no había reparado en lo lógico de una argumentación tan definitiva. ¿Quién puede negarse a mejorar, a tener más prestaciones, más garantías...?

No repuesto aún de esta maravillosa sorpresa, abro el segundo sobre y... ¡Oh casualidad de las casualidades! La Fortuna sigue llamando a mi puerta: ¡otra visa oro, de Bakinter! El señor Botín también cree en mí. Me ofrece su CapitalOne, también de oro. Puedo ahorrarme el 1% en todas mis compras, (un fortunón), 0 € de cuota anual de por vida (¡para lo que me queda...!), y me presa 1.000.000 de las antiguas pelas, así, por mi cara bonita. Me permite decidir cómo y cuánto pago al mes, me regala tarjetas adicionales , gratis total y ni siquiera me pide que me matricule en su banco. Y, para no aburrirles, no les cuento otra serie de ventajas que vienen en un gráfico.

Del otro sobre, en que me sonríe el bigote del alcalde de mi ciudad, les hablaré en otra ocasión. Ahora, con su permiso, me voy a disfrutar del crédito de oro que me han regalado. Si vieran que no vuelvo por aquí , es que me he perdido por ahí, bronceándome en cualquier isla del Indico o el Pacífico, rodeado de tentadoras indígenas.

domingo, noviembre 13

Los viajes insólitos de Andrés

Andrés ejerce una profesión que otrora fuera honorable, al menos en lo que a consideración social se refiere, porque en cuanto a emolumentos, ya sabemos cómo han vivido los “maestroescuela”. Hoy, aunque ya no pasen tantos apuros para aliviar la tan traída precariedad alimenticia, han bajado bastantes puntos en lo que a respeto y consideración se trate, empezando por la Administración, pasando por la sociedad, los padres, hasta llegar a los propios alumnos.

Pero no era ése el motivo de nuestra charla, o como quieran llamarlo. Hablamos de esos viajes nocturnos que Andrés hace, de acá para allá, sin saber exactamente la causa o los motivos que le impulsan a viajar. Muchas veces trata él mismo de adivinar el sentido oculto de tanta ida y vuelta.

Resulta que hoy iba camino de sus clases, con el tiempo justo, cosa que siempre agobia un poco al meticuloso profesor. Antes, se detuvo en un kiosco para comprar la prensa. Al momento de pagar, sin duda por la confusión que genera en él siempre la prisa, sacó de su bolsillo los billetes y monedas que dentro anidaban. Había algún billete de 50 € , monedas de 50 céntimos y demás hojarasca monetaria. Resulta que como en estos viajes de Andrés las cosas, en este caso el periódico, no tienen los precios que todos conocemos, el diario costaba 50 céntimos. Él, en la confusión engendrada por las prisas, mostraba todo aquel bagaje monetario y trataba de darle al fornido quiosquero el billete de 50 €, con la natural contrariedad del susodicho, que no entendía muy bien las incoherencias de Andrés. Al final, de mal humor, le arrebató los 50 céntimos de la mano, ante la perplejidad de nuestro amigo, que una vez más sentía que había hecho un poco el ridículo frente a la “sagacidad” de los demás.

Como tenía prisa por llegar a clase, avivó el paso, pero no encontraba las calles que le llevaban al Instituto en que trabajaba, a pesar de haber hecho el recorrido centenares de veces. Mientras esto ocurría y Andrés sentía cada vez más apremio por llegar a la hora y no encontrar la ruta, una voz potente, la del quiosquero, se expandía por todo el entorno, llegaba hasta los extremos del barrio y no se sabe si se oía en la ciudad entera... El vendedor proclamaba a los cuatro vientos la ridiculez de un cliente que para pagar un diario de 50 céntimos, le daba 50 euros. Como si él estuviera ejerciendo la digna profesión de vender periódicos para pasarse la mañana devolviendo el cambio de 50 euros , si con 50 céntimos vendedor y cliente estarían apañados. El caso es que Andrés , que sabía perfectamente que sólo la confusión y las prisas habían sido la causa de aquella situación embarazosa para él, mascullaba como podía sus razones calladas mientras en las calles seguía resonando el pregón del vocero. Tan desorientado estaba, que entro en una calle sin salida que daba a un depósito de agua, donde ésta discurría por varios cauces e impedía el paso. Esto obligó a Andrés a retroceder hasta encontrar, con dificultades, la calle que al final le conduciría hasta el Instituto en el que trabajaba.

Recuerda muy bien la hora, porque miró el reloj, marcaba las 13:23 , es decir tres minutos más tarde del teórico comienzo de la clase. Subió hasta la sala de profesores y vio a bastantes compañeros que todavía estaban allí, charlando distraídamente y saboreando unos bombones que alguno , por algún motivo o sin uno específico, había traído. Entre ellos estaban los más conocidos, incluso alguno recientemente jubilado con el que Andrés guardaba una relación especial. Ni él, ni los otros repararon en la cara de agobio y prisa que tenía Andrés, preocupado por llegar a una clase que no había preparado como acostumbra. Cuando llegó por fin al aula, los alumnos ya estaban esperando con el consabido guirigay que forman cuando no está el profesor y a veces estando. Andrés trataba en vano de lograr el silencio necesario para empezar la clase, los chicos querían preguntar por preguntar. No sé sabe bien qué querían averiguar, el caso es que unos se cortaban a otros la palabra. Andrés trataba, más que de responder, darles a entender que hablando todos a la vez no habría forma de entenderse. Su voz , como le ocurre muchas veces cuando hace “viajes” semejantes apenas se hacía audible quería hablar fuerte y sosegadamente y había algo , no sabe qué, que le impedía articular las palabras con el timbre y el tono que necesitaba para apaciguar aquel barullo. Para poner aún las cosas más difíciles, faltaban sillas en la clase, los alumnos estaban de pie , unos porque querían, otros porque disfrutaban viendo que, a la confusión del profe, se añadía la falta de mobiliario. Había algo más que impedía a Andrés sentirse cómodo, dueño de la situación. Por no se sabe bien qué motivo, pegado a su pelo y a su espalda llevaba una capa, -recuerdo de algún uniforme antiguo que Andrés había utilizado en sus primeros tiempos de profesor- y por más esfuerzos que hacía, era incapaz de despegarla de su espalda. Algún alumno, viendo su apuro y a su requerimiento, trató de ayudarle. Fue entonces , cuando Andrés despertó de su sueño. Una vez más se quedó pensando en el sentido de sus viajes nocturnos, y pudo entender varios de sus mensajes

Nuevos tiempos, viejos temores

Una de las varias cosas que marcaron mi infancia, ( siento ser tan reiterativo en el tema, pero cuando uno está de parto se vuelve así de pesado y caprichoso) fue la ceremonia de la confesión, estrechamente ligada al sentimiento de culpa. Lo expongo aquí como un ejercicio de terapia particular, tratando de exorcizar mis demonios personales. Bien mirado se trata de una confesión más ante un juez que no juzga , que no acusará, ni impondrá pena alguna.

Al analizarlo ahora, con la perspectiva que da la vida, el tiempo, lo primero que me llama la atención sobre ese rito, era el “escenario”, si puede llamarse así a aquel cajón de madera, situado generalmente en un rincón apartado de la iglesia. Por delante se abría una media puerta, para que el oficiante pudiera aposentarse , la parte superior estaba cubierta por unas cortinas, no sé si azules o moradas porque soy daltónico. A ambos lados, sendas ventanitas cuadradas con celosías, para celar a la “pecadora”, ya que era el sitio reservado a las mujeres, que además debían hacer su confesión de rodillas , mientras que los hombres metían su cabezota dentro del cajón al par que se cerraban tras de sí las cortinillas que cubrían los pecados. El diseñador de tal “escenario” había pensado sin duda en todas las condiciones de los “actores” de tal ceremonia. Y les había asignado los lugares y actitudes que requería el acto, confesional por supuesto.

Para el niño que yo era no resultaba nada difícil, a poco que arrebañara en mi interior, hacer una buena colección de pecados cada vez que acudía a confesarme. La frecuencia recomendada era semanal, porque se suponía que durante ese tiempo había habido lugar a varias desobediencias a los padres, algunas palabrotas, mentiras piadosas y de las de verdad, y avanzando en edad, las que más juego daban era eso de las miradas subterráneas a las niñas, los tocamientos atrevidos y otros de otro género... No era difícil encontrar media docena o más para soltarlos ante aquel señor que escuchaba en la oscuridad, no sé si morbosa, indulgente o severamente, mis oscuridades. Sus bisbiseos no me gustaban y a veces sus actitudes no me resultaban nada agradables, pero en aquella época , en mi mente, no cabía hacer cavilaciones. Las reflexiones surgieron más tarde.

El recuerdo primero que guardo de esta nada agradable ceremonia para mí, se remonta a los 7 años. Era mi primera confesión oficial, antes de la también primera comunión. Era mi estreno. Por supuesto todo aquello debía haber tenido toda una preparación, que ahora mismo no recuerdo. Lo que sí se me ha quedado grabado es mi actitud y mi sentimiento después de haberme despachado con mis “pecados”, que no recuerdo bien cuáles podían ser a esa edad , pero sin duda bastante “graves” dadas las pautas y criterios de conductas a la antigua usanza. Lo que sí recuerdo perfectamente es, que al terminar subí, en silencio, la cuesta que iba desde la iglesia hasta mi casa, bordeando el parque de San Francisco, Subí aquella “cuesta” , como la llamábamos, solo, procurando no encontrar ningún amigo, ni hablar con nadie, no fuera a ser que aquellos encuentros y conversaciones dieran motivo u ocasión de algún otro pecado, ahora que mi alma estaba limpia, recién lavada. Estas anécdotas , vistas con las perspectivas del tiempo, pueden sonar graciosas, significativas, sino indicaran de qué manera se sembraba en seres sensibles y moldeables estos sentimientos de culpa, de pecado que les llevaran a pasar gran parte de su vida “arrodillados”, sometidos a las leyes de extraños o concretos poderes. ¿A quién y por qué interesaba amaestrar a seres que nacieron para ser y sentirse libres, mantenerles aherrojados?

Y no pensemos que esta vieja estrategia, esta sofisticada maquinaria, ha desaparecido con la venida a menos del poder eclesiástico o con poderes de apariencia menos dictatorial. Este sistema es tan viejo y tan actual como el mundo. Los nombres, las estrategias, los trajes cambian, pero el mecanismo sigue siendo el mismo, más o menos sofisticado. Y no necesitamos mirar hacia los integrismos de fuera que ahora vemos despertarse cerca de nosotros porque nos están afectando. Este afán de dominio, de sometimiento, nos sigue rodeando, lejano y en nuestra propia casa. Fuera, con “bushes” que quieren derrotar un integrismo imponiendo el suyo propio. Dentro, con los que nos venden ambiciones de poder disfrazados de talantes. La Ambición, el Poder, la Religión siguen necesitando hombres sometidos, adiestrados, manipulables, para poder campar a sus anchas , a ser posible sin que se note demasiado. Las religiones, los poderes, las inseguridades personales, pueden llamarse sectas, escalafones, partidos, naciones, uniformes, boletines, directrices o a veces sus santos cojones, como máximo aval para poner encima de la mesa de negociaciones.

Podría parecer que nos escapamos del tema, pero si lo miramos bien no andamos tan descarriados. La dialéctica poder/sumisión, leyes/culpable, tiene hondas raíces en la propia familia, en la sociedad, en la religión, en todo tipo de poderes fácticos o infaustos. Se trata de inocular el miedo en las gentes, porque el “animus dominandi”, anida en todos nosotros, de manera sutil o descarada, para servirnos de coraza de nuestras propias debilidades.

Lo único que ha cambiado un poco para ayudar al hombre, y a la mujer por supuesto, (seamos por una vez políticamente correctos, no se nos echen encima otros “poderes”) es el escenario. Aquellos cajones sórdidos, oscuros, de ventanitas con rejas y cortinas de paño, se han transformado en modernos despachos, con muebles de diseño, paredes pintadas de colores relajantes, calefacción y aire acondicionado, según la época. Ya nadie necesita arrodillarse ni cubrirse con cortinas para ser liberados de sus “culpas”. Ni siquiera te ponen penitencias, ni tratan de averiguar la contrición de tu corazón, tampoco te exigirán propósito de la enmienda. No hay curas de voz ácida y melosa, de bisbiseos y gestos dudosos. Hay señores, señoras o señoritas de mirada de aire atento, sonrientes a veces, cómplices otras, receptivas, que más que hablar escuchan, apostillan , a veces inquieren, otras proponen. No tratan de juzgar, sino de escuchar, sugerir, lanzar preguntas al aire, aquiescer y por supuesto sin señalar penitencias, a lo sumo sugerencias hasta el próximo encuentro.

Y es que el hombre (también la mujer), más o menos dueños de sí mismos y de sus emociones, en un mundo tan complejo, necesita en algún momento confesar o tratar de averiguar lo que hay en el fondo de sí mismo, a veces secreta e inconscientemente guardado.

Mi último hallazgo surgió ayer, cuando me decidí a escribir sobre el tema. Navegando por la red, descubrí que algún avispado y conocedor de esta necesidad que tiene el hombre , es decir todas las personas, de confesarse, había abierto un “confesonario virtual”. En otra ocasión les contaré dónde y cómo pueden confesarse por Internet. Puede resultar divertido y extremadamente relajante. Ya no está reservado a los curas el saborear morbosamente los pecados de sus semejantes, se ha acabado el secreto de confesión.

Los “pecados” son el patrimonio común que nos aproxima y nos iguala a todos.

viernes, noviembre 11

Carta de una madre

Ayer, una madre entregó esta carta a un profesor de mi centro.
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Jugueteando con el lenguaje

(Hoy voy a insertar en este cuaderno un escrito de mi hijo. Sí, a veces los hijos te confían sus escritos y te proporciona una doble alegría, primero por lo que significa de confianza, al salir de su habitual secretismo y en segundo lugar, porque nos gusta descubrir esa punta de fina ironía que uno tanto aprecia. Así que perdonen mi tontería de padre al dar cabida gustoso a este texto, aunque juegue con los testículos)


De todos es sabido que hay frases con las que el ánimo puede verse alterado de infinitas maneras. Algunas tienen el poder de conjurar la alegría o la tristeza, según el caso. Otras son particularmente irritantes dependiendo del contexto y las circunstancias. Incluso, hay ciertas frases que con sólo repetirlas una decena de veces tienen la propiedad de acallar nuestras conciencias y adormecernos el tiempo justo para evitar todo tipo de situaciones incómodas y osadas, impertinentes, provocadoras, e inoportunas.

Hoy quería hablarle, amigo mío, de una de estas frases poderosas. Seguramente ya haya experimentado sus benéficos efectos, aunque es más probable aún, que no se haya parado a reflexionar sobre el origen y naturaleza de este remedio tan humano.
Hablamos, señores míos, de

"Hago lo que me sale de los cojones"

Este placebo antiquísimo, ya conocido y puesto en práctica por los sumerios (aunque bien es cierto que en una forma un tanto peculiar, a saber, en lenguaje cuneiforme, dado que sus bocas tenían forma de cuña, lo que les otorgaba un aspecto fantástico y cómico, particularmente en la hora temprana del desayuno), tiene una historia tan larga como la humanidad misma. Esta frase, que se remonta a miles de años atrás en la historia, tuvo desde sus inicios una gran aceptación y rápidamente su uso fue extendiéndose por Mesopotamia llegando a ser reconocida práctica mundial ya entrado el siglo IV a.C. Los primeros vestigios se encuentran en el famoso Poema de Gilgamesh en cuyas tablillas se incluye la frase, seguramente pronunciada en un acceso de fiebre por algún dios enfurecido.

Ha sufrido tantas variaciones y versiones a causa de la adaptación a cada identidad cultural, que sería tedioso e imposible enumerarlas todas. Es más, hasta el momento, nadie ha sido capaz de ofrecer una recopilación sistemática al respecto y un humilde servidor lucha cada vez con más flaqueza contra la perversa realidad. Pese a todo, la frase podrá encontrarla en cualquier idioma y país, sometida a numerosas revisiones, arreglos, estrechamientos o ampliaciones. Se sabe, asimismo, que ciertos gremios han adoptado la frase en su argot particular, situación ésta que obliga a un estudio mucho más metódico y atento para averiguar su localización e identificación unívocas, y que ha generado numerosas trifulcas entre órdenes secretas destinadas a dilucidar quién es el auténtico creador y propietario de la patente.

Como sabe, amigo mío, el lenguaje es un virus falsario. Desgraciadamente, y pese a su eficacia evidente, esta frase es rotundamente incierta. Si se la somete a un cierto análisis es inevitable llegar a la conclusión de que se trata de un enorme y grasiento engaño. Sus cimientos se derrumban como si de naipes se tratara ante la menor intención de comprobar su veracidad. Lástima, pensará usted. No, amigo, no tire la toalla y muestre ese horrible espectáculo tan pronto. Piénselo, ¿qué importancia tiene que el remedio que proporciona tanta seguridad, satisfacción, arrojo y empaque, sea una burda mentira? ¿Acaso lo importante no es el resultado final?. Así es. Le invito a que haga una sencilla prueba al respecto.

Póngase frente a un espejo, fruncido el ceño, y pronuncie en alta voz y claramente:

"Hago lo que me sale de los cojones"

¿Qué tal? Impresiona, ¿verdad?. Yo también le quiero, compañero, pero contrólese. Hagámoslo más difícil aún. Repita la misma acción, pero esta vez haga un esfuerzo previo por interiorizar la nauseabunda falsedad de la frase en cuestión. ¿Nota algún cambio? No, ¿verdad?. Béseme la mano. ¡He aquí el milagro!. ¡Cuán poderoso es el lenguaje!. ¡Qué insólita influencia tiene en nuestro estado de ánimo!.

Hasta aquí esta breve introducción a los beneficios que el Altísimo nos pone al alcance de la lengua para consuelo de todos. Recuerde que no sólo puede ejercitarse frente a un frío espejo. También es posible hacerlo con cualquier ser humano que se encuentre en el radio de acción más próximo. No discrimine. En el peor de los casos puede ser víctima de algún tipo de agresión física, en cuyo caso, haga uso de ella como pasaporte para una baja laboral. Si es agredido verbalmente con una contrarréplica a modo de insulto o mofa, ríase cínicamente. Si, llegado el caso, sufre alguna variedad de argumentación perfectamente razonable y válida, haga caso omiso y suelte lo primero que le venga a la cabeza, con eso bastará. Aleje sus miedos y vea con extrema felicidad lo moldeable que puede llegar a ser el rostro del prójimo.

Suerte y a practicar

César