martes, abril 26

El cielo de Madrid

Acabo de leer “El cielo de Madrid”, de Julio Llamazares, este leonés nacido en un pueblo perdido hoy bajo las aguas del pantano del Porma, y que sólo alguna vez, cuando lo vacían o se vacía, surge de entre el fango y las ranas.

Julio - Carlos, el pintor en el libro - ha dejado los grises cielos asturianos para tocar el cielo azul , rosa, a veces malva, de Madrid. Llegó, como tantos otros periféricos, como Suso, Mario, Rico atraídos por este cielo de sus sueños de escritores, pintores , artistas de todo pelo. Algunos, como Suso, regresarían, desilusionados, a las brumas de Galicia sin haberlo no ya tocado, sino sin apenas haberlo habitado. Otros se quedaron aquí sin alcanzarlo, los hay que creyeron haberlo logrado.

Carlos se quedó aquí, porque sabía que para él no existía otro cielo. Después de haber pasado por el Limbo de la bohemia, de las noches de bares, charlas y copas, después de haberse mudado de un piso a otro, cambiado de amigos , de compañeras, de locales, mientras trataba de tocar , de pintar ese cielo. Después de creer que al fin lo ha logrado, después de saborear los halagos del éxito, mientras otros, a su lado, adulan, se instalan y acomodan, o vagabundean , se hunden en la gran ciudad que a todos acoge... Carlos se da cuenta que el cielo del éxito, no es el cielo de los sueños que él buscaba. Madrid, el Madrid de las fiestas y los halagos, de los amigos de conveniencia, se convierte para él en un infierno. El infierno de sus soledad en pleno éxito, la contradicción constante que es su vida “ entre el cielo y el infierno, entre la libertad y la necesidad de amor, entre la soledad y la búsqueda del éxito”.
Es Fermín, el mendigo que pasa sus noches en un banco de la plaza de las Salesas, el que conoce perfectamente su soledad de pintor de éxito, el que sabe que lo que él busca y no busca, está ahí arriba. Por eso está también , allí, en el banco, por ese cielo.

Para encontrarlo, para verlo mejor, para descubrir la necesidad que tiene de él Carlos necesita alejarse de Madrid, no demasiado lejos, creyendo que desde fuera, al pie del Guadarrama, podrá salir de su Infierno interno y pasar el Purgatorio antes de llegar a “su” cielo. Tres años en Miraflores, mirando el cielo, sufriendo soledad y los rigores del invierno. Tres primaveras de deshielo y otros tantos veranos huyendo de los veraneantes que ocupan con su banalidad y su prepotencia el pueblo, refugiado en la colonia que ha escogido como refugio hasta descubrir que tampoco allí está su sitio. “ Mientras Madrid estuviera allí, mientras su cielo siguiera altivo, desafiando al mundo y a las montañas con sus azules y rosas fuertes, yo me sentía seguro, por más que esa sensación fuera absurda cuando volvía a ver a los conocidos en los locales de siempre, los restaurantes de siempre o en los que estaban ahora de moda”.
Necesitaba ese cielo que era el que “ llenaba sus sueños”, el que él y sus amigos habían venido buscando desde los cuatros rincones de España. Lo necesitaba para que su hija, que aún no podía entenderle, lo viera escrito en su cara, porque con palabras no sabría explicárselo. No sabría explicarle que había pasado su vida “ deambulando entre la luz y la oscuridad, entre la libertad y la necesidad de amor, entre la soledad y la búsqueda del éxito, entre el cielo y el infierno, desde hace muchos años”.

sábado, abril 23

Concierto de clausura

La "Semana del Quijote" se ha clausurado con el concierto anunciado. El Salón de actos presentaba lleno total y los chavales han seguido con bastante interés una música que normalmente no forma parte de su repertorio. Es cierto que ha habido que estar al loro, para que alguno, que siempre los hay, no diera el cante. Pero la gran mayoría han sabido escuchar aires e instrumentos que no son los que les resultan familiares. Han oído voces que no concursan en O.T. pero que suenan mucho mejor que la mayoría de ellas. Y todo ello, sin grandes alharacas. Villancicos, chaconas, gallardas y otros aires renacentistas sonaban en el Salón ante los perplejos oídos del joven público.

Los profesores-músicos se habían preocupado de buscar algún texto cervantino para cada una de las canciones que habían escogido:

"¡Ay! linda amiga
Que no vuelvo a verte!
¡Cuerpo garrido
Que me lleva la muerte!


No hay amor sin pena,
Pena sin dolor,
Ni dolor tan agudo
Como el del amor."


Aunque adolescentes, varios de ellos ya han sentido alguno de esos arañazos.

Y depués de terminado el concierto, a la salida, la cara áspera, la otra realidad que también merodea en el entorno de los centros educativos.

Al salir, nos encontramos en el hall a uno de estos muchachos, llorando, nervioso aún, y con alguna señal en la cara de haber sido agredido. Al parecer, según comentaban los compañeros que lo habían llevado hasta dentro, un "valiente" grupo de 4 ex-compañeros, expulsados del Instituto el pasado curso, le esperaban a la salida para ajustar alguna "cuenta" pendiente.Dada la forma de arreglarlas , y dado el carácter del agredido, estudioso, deportista, y formal -lo sé porque fue alumno mío hace dos años - se puede adivinar el tipo de "justicia" que la banda agresora quería impartir.

La policía fue avisada... La pregunta queda en el aire: "La solución , mañana? ¿O estos matones segurirán campando por sus respetos?"

Cara y cruz de la vida escolar.

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"La semana del Quijote"

Con tanto Centenario del Quijote es verdad que a uno le dan ganas de tomárselo con el humor de Forges :

-“ Cuando cruzaba el descampado, si no llego a estar al loro, me dan un seminario sobre El Quijote.
- ¿Eran muchos?

- 3 académicos y 1 filológo
- ¡Virgensanta! “

Pues no, hoy en el Salón de actos, eran más de cuatro, y desde luego no tenían pinta ni de académicos , ni de filológos. Eran más de 100 alumnos de los primeros cursos de la ESO que seguían atentos los diálogos de sus compañeras y compañeros que representaban “El retablo de las Maravillas”, de Cervantes. Allí estaban Benito (el Alcalde), Juan (el Regidor), Pedro (el Escribano)... y demás personajes de este retablo, creado por el sabio Tontonelo, y cuyas maravillas sólo podían ser vistas por aquellos que no fueran “confesos” o “bastardos”. Y estos jóvenes actores lograban el milagro que a veces no podemos conseguir los profesores: su atención, que en los tiempos que corren, no es poco.


Y si traigo a colación aquí este “evento”, es porque quiero mostrar mi admiración por estos compañeros míos que han organizado esta “Semana del Quijote”, con conciertos, piezas de teatro, lectura del Quijote, concursos literarios... Quiero que estas cosas se sepan, en este mundo, donde, cada vez menos, la gente no da un paso si no es para trepar un poquito más, sacar alguna tajadita si es posible, o hacer a regañadientes su trabajo. En esta profesión, tan venida a menos, tan olvidada de las mismas autoridades que deberían ocuparse en dignificarla un poco, en las que cada día hay mucha gente que se deja la piel, parte de la salud y la paciencia , hay todavía quienes hacen las cosas porque les “da la gana”, es decir, gratis; sin esperar que nadie se lo agradezca. Simplemente porque disfrutan haciéndolo, en medio de la indiferencia de algunos de sus propios compañeros. Por eso he sentido ganas de hablar de ellos, porque mientras haya gente así, vale la pena seguir trabajando en esta “empresa”.

Mañana , para clausurar las semana un quinteto de profesores de música , de varios institutos, darán un concierto sobre “ La Música en tiempos de Cervantes”. La “Gallarda milanesa”, “Españoleta”, “Canzona”, “Chacona”... pondrán sonido a una época, la de Cervantes. Flautas, violines, teclado, percusión... sonarán para los alumnos mayores. ¿No es esto ya de por sí, en los tiempos que corren, algo “quijotesco”?

“los más caballeros andantes de la edad pasada eran
grandes trovadores y grandes músicos; que estas dos
habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas
a los enamorados andantes”
(D. Quijote de la Mancha Cap.XX, 1ª parte)

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jueves, abril 21

Aerolitos

18 de abril
He terminado de leer “Los aerolitos” de Carlos Edmundo de Ory, poeta, narrador, ensayista, traductor, maestro de la palabra. Sus “aerolitos” son como fogonazos, llenos de imaginación, de humor ácido, que nos llevan de la sonrisa a la reflexión, de la sorpresa a la evasión en alas de su maestría creadora: “no digo palabras, hago palabras”.
“Queréis saber lo que es poesía? Uno de los caminos más rápidos es leer a Carlos E. De Ory”.Pere Gimferrer
Dios, te lo ruego, cree en mí.
Cada hombre lleva consigo un propia Eva. Somos evanthropus.
Dijo un niño autista: “ Cuando perdemos nuestro reino, perdemos el equilibrio”
Lo peor es cuando el alma se nos llena de hormigas.
Mientras suenan los cañones, callan los poetas : “ inter arma silent musae”
Errare, divinum est.
Hay llantos sin lágrimas y lágrimas que no son llanto.
Actos extremos de la boca: el beso y el escupitajo.
La poesía es un crimen de lesa realidad.
No digo palabras, hago palabras.
Estoy a punto de vivir
Besos comunicativos.
La muerte no se acaba nunca.
Si Dios no existe, no se lo perdono.
Mis máximas son mínimas.
A mi me gustan los que titubean, no aquellos que hablan con desparpajo.
Gracias a los ricos, hay pobres, desgraciadamente.
Ser noche: anocheser.
“Te llama Caín ¿Le digo que no estás?”
¡Qué poco original es el pecado original!
Las palabras son el rubor del silencio

martes, abril 12

12 de abril

Los martes son los días musicales por antonomasia ("antonomasia" ¡qué palabra tan cursi!). Me gustan las "chicas del coro", quiero decir que me gusta este tipo de clase, porque las que acuden a ella tratan de aprender algo que verdaderamente desean. Son esas clases en las que uno se siente un poco alumno y también aprende algo, por ejemplo a fijarse en el acompañamiento ("guitarra acústica", "piano", "orquesta"). Si ellas no me lo hubieran hecho notar, yo me habría quedado embelesado con la voz de la belgo-canadiense Lara Fabian.

Es curioso como algunas canciones, algunas voces, te cautivan, se te meten muy dentro y pasas todo el día tarareándolas interiormente. Desde que la escuché por primera vez "Je t'aime", fue una de las que más me cautivó entre las 40 "Les plus grandes Chansons du Siècle", según los franceses claro, que para esto , y para muchas cosa más, son muy suyos. Desde aquel día , cada vez que pongo el CD, la repaso varias veces y aún no ha logrado cansarme.


No es que sea un consumado melómano. En cuestiones musicales no me considero ningún experto, debo confesar con cierta vergüenza, que aún no he llegado a percibir toda la belleza de la música clásica y sólo llego a apreciar realmente algunas canciones y las demás no consiguen "tocarme" por dentro.
A propósito de las emociones que nos produce la música, muchas veces me pregunto si es nuestro estado de ánimo el que pide determinado tipo de música , de canciones , o si son éstas las que consiguen hacer cambiar nuestro estado de ánimo. ¿O las dos cosas se alternan? Pero es cierto que hay estados de ánimo en los que encaja mejor una música de jazz, en otros un buen flamenco y en otros alguna canción sentimental y romántica. Esta mañana cuando a una de mis alumnas, una señora ya de cierta edad o de edad cierta, quiero decir, ninguna jovencita, le dije que íbamos a escuchar una canción que a mi me gustaba, al terminar de oírla me dijo: "Eres un romántico", y no tuve más remedio que confensar: "Sí, lo soy" ( Y... ¿qué pasa si lo soy?) Hay vicios más inconfesables.

"Je t'aime"

Mensaje del náufrago


Vendrán olas para borrar nuestras huellas o
devolviendo la botella de un naufragio...
(Juan M. Montes "Sentidos prohibidos")


Este es el Rincón de un náufrago. Todos somos un poco náufragos. ¿Quién no se ha sentido alguna vez solo? Inmensamente solo. Incluso cuando aquellos que quieren querernos apenas son capaces de comprender nuestra soledad. Sentirse solo, aislado, no tiene forzosamente equivaler a sentirse triste. Se trata simplemente de una experiencia muy humana y hasta necesaria para saber quién somos.¿Cuántos náufragos hay que ni siquiera han tenido tiempo de darse cuenta de que lo son, porque hay demasiado ruído a su alrededor y no pueden escucharse ?

Este náufrago se ha refugiado en esta isla, no porque le guste la soledad a secas, sino para poder acoger y conversar con otros náufragos, sin tanto ruido. Si habla de su soledad es porque le gusta la auténtica compañía. No la de la barra del bar o la de la grada de los estadios, sino la de los que se sientan tranquilamente a hablar y escucharse, sin hacer demasiadas preguntas.
Con ellos quiere compartir, lo que mutuamente quieran regalarse.